Miguel María Grau Seminario (
Piura,
Perú,
27 de julio de
1834 -
Punta Angamos,
Bolivia,
8 de octubre de
1879) fue un
marino peruano,
almirante de la
Marina de Guerra del Perú y destacado patriota, máximo orgullo de la República del Perú. Se le conoce también como
El caballero de los mares.
Antes de participar en la
guerra del Pacífico, logró una
curul en el parlamento peruano como representante de
Paita -
Piura. Es considerado
héroe máximo de la
Marina de Guerra del Perú y de la
nación peruana.
El
10 de octubre de
1868, junto a
Francisco Bolognesi,
Alfonso Ugarte,
Lizardo Montero, entre otros, fundó el
Club de la Unión; un importante club social peruano. Fue también miembro ilustre del tradicional
Club Nacional.
Nacimiento
Miguel María Grau Seminario nació en la ciudad de
Piura,
en una casona de la calle Mercaderes, hoy Tacna N.º 662. Fue bautizado
el 3 de septiembre de 1834, en la parroquia de San Miguel, por el
presbítero Santiago Angeldonis, siendo sus padrinos Manuel Ansoátegui y
Rafaela Angeldonis. Su partida fue asentada con el número 953, en el
libro respectivo. Consta en dicho documento que al momento de su bautizo
era de
un mes y siete días de nacido, por lo que se ha determinado que su nacimiento fue el 27 de julio de 1834.
1 2 n 1
Sin embargo, en la ciudad portuaria de
Paita
está muy arraigada la creencia de que el nacimiento de Miguel Grau se
produjo en dicho puerto, aunque solo se ha dado como sustento una serie
de indicios dispersos y especulativos, mas nunca un documento
probatorio. También se ha postulado a Sullana como otro presunto lugar
de su nacimiento. Los defensores de Paita como la cuna del héroe, dicen,
por ejemplo, que la partida de bautismo solo corrobora el lugar donde
fue bautizado, más no el de su nacimiento; que Grau fue electo diputado
por la provincia de Paita, y no por la de Piura; y que, cuando Grau, en
su foja de servicios o en su partida de matrimonio, anota haber nacido
en Piura, suponen que solo está aludiendo al departamento, más no a la
ciudad; entre otras especulaciones de ese talante.
En respuesta, el historiador Miguel Seminario Ojeda señala que, de
haber nacido en Paita o en Sullana, en su partida de bautismo debió
figurar la claúsula
ex licencia parroquia (es decir bautizado con licencia de su parroquia, sea la de Paita o la de Sullana, según el caso).
4
Además, este mismo historiador, investigando en los archivos, ubicó el
censo realizado en Piura en 1840, donde aparece registrada la familia
Grau (el padre y sus 4 hijos), donde Miguel figura con el número 228, y
como nacido en la ciudad de Piura.
5 En cuanto a la diputación por la provincia de Paita (que Grau ganó en 1876), se debe señalar que, de acuerdo a la
Constitución vigente entonces (la de 1860, artículo 47),
no era requisito obligatorio que el candidato hubiera nacido en la
provincia a la que postulaba, sino que bastaba con ser del departamento
en general (en este caso, el de
Piura, erigido en 1861).
6
Se entiende, ciertamente, el afecto que Grau tenía por Paita, ya que
fue en ese puerto donde forjó su vocación de marino, lo que marcaría
toda su existencia.
7
Fueron sus padres el
teniente coronel grancolombiano (más tarde nacionalizado peruano)
Juan Manuel Grau Berrío, natural de
Cartagena de Indias, que llegó al Perú formando parte del ejército del Libertador
Bolívar, y de María Luisa Seminario y del Castillo,
piurana de nacimiento, hija del alcalde provincial ordinario de Piura. Fue el tercero de cuatro hermanos; los mayores se llamaron
Enrique Federico y María Dolores Ruperta; y la menor, Ana Joaquina Jerónima del Rosario.
8
La unión de sus padres era extramarital, pues María Luisa estaba casada
con el capitán colombiano Pío Díaz (que por entonces se hallaba en su
país de origen), con el que tuvo tres hijos legítimos: Roberto,
Emilio y Balbina.
2
Hay que señalar que, en la partida de bautismo del héroe no figura el
nombre de María Luisa Seminario como el de su madre, sino el de Josefa
Castillo, lo que ha motivado algunas especulaciones sobre su verdadera
filiación; al respecto, se ha sugerido que Luisa Seminario ocultó su
nombre pues deseaba mantener encubierta su relación con Juan Manuel
Grau. Siguiendo la costumbre de la época, Miguel Grau nunca usó ni
mencionó su segundo apellido (Seminario), y solo aparece en su partida
de matrimonio, cuando menciona a Luisa Seminario como su madre (1867).
n 2
Por entonces, el Perú vivía una época de inestabilidad e intrigas
políticas que ocasionaban sublevaciones e intentos de golpe de estado. El país acababa de salir de la
primera guerra civil de su historia republicana (enero-abril de 1834). En los años siguientes se desató la guerra por el establecimiento de la
Confederación Perú-Boliviana,
y tras un breve periodo de calma, surgieron las guerras entre
restauradores y confederados, que culminaron con el triunfo de los
primeros en la
batalla de Yungay (1839). Se produjo entonces la
Restauración en el Perú, asumiendo el poder el mariscal
Agustín Gamarra. Éste, obsesionado por anexar Bolivia al Perú, invadió dicha república, pero fue derrotado y muerto en la
batalla de Ingavi (1841). Sucedió entonces la contraofensiva de los bolivianos, que invadieron el sur peruano.
10
Fue entonces cuando el teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío
(padre de Miguel Grau), entonces retirado del servicio y dedicado al
comercio, juzgó que debía retornar al ejército peruano para defender a
su segunda patria. Escribió a Lima a su viejo jefe y amigo, el general
Antonio Gutiérrez de la Fuente,
ex Vicepresidente de la República que ejercía el mando del Ejército del
Norte, pidiéndole una colocación en filas. La respuesta fue favorable.
El general Gutiérrez de la Fuente, en carta del
6 de enero de
1842, expresó al teniente coronel Grau que aceptaba sus servicios
con entusiasmo y lo llamó a la capital.
11
En julio de 1842, el padre de Grau se incorporó a la Secretaría del general Gutiérrez de la Fuente, quien lo destinó a
Ayacucho.
12
En junio se celebró la paz con Bolivia, pero una vez más, en el Perú se
desató la guerra civil y la anarquía. El sucesor de Gamarra, el señor
Manuel Menéndez (presidente del Consejo de Estado), fue derrocado por el general
Juan Crisóstomo Torrico. Éste a su vez fue derrotado por el general
Francisco de Vidal (segundo vicepresidente del Consejo de Estado), en la
batalla de Agua Santa, el 17 de octubre. En el mar, la barca
Limeña y la corbeta
Yungay se batieron a la vista de
Paita.
13
En noviembre de 1842, el general Vidal, ya como Presidente del Perú, nombró a Juan Manuel Grau, vista de aduana en
Paita, puerto estrechamente ligado con la ciudad de Piura.
13
Fue pues, en 1842, cuando Miguel Grau empezó a vivir en Paita, junto
con su padre y sus tres hermanos, pero sin su madre, que permaneció en
Piura.
14
Su casa estaba ubicada en la parte baja de la ciudad, que en ese
entonces contaba con poco más de 5000 habitantes, pero ya había visto
nacer a grandes héroes peruanos como los hermanos Manuel y Raymundo
Cárcamo, que pelearon en el
combate del 2 de Mayo.
Según cuenta la leyenda, dicha casa fue destruida totalmente por las
fuerzas chilenas de Patricio Lynch cuando entraron al puerto y en el
saqueo lo quemaron en su totalidad.
[cita requerida]
Carrera militar
Primeros contactos con el mar
En Paita la actividad marítima civil era grande. Todos los navíos que hacen el tráfico entre
Panamá y el
Callao
tocaban en su rada. Funcionaba en el puerto la escuela náutica fundada
por el presidente Agustín Gamarra en 1833, destinada a formar a pilotos
civiles. Al pequeño Miguel, que sólo tenía ocho años, le fascinó la
inmensidad del océano. Su vocación naval comenzó a despertar a partir de
ese momento.
15
No debió ser sencilla la vida de Juan Manuel Grau y sus cuatro hijos, sobre todo por la ausencia de la madre.
7
Miguel Grau siguió en Paita los primeros cursos de su formación
escolar. El muchacho, listo y resuelto, había sido educado con dureza
por el padre para conseguir con ello templar su carácter y acerar su
voluntad.
16
Atraído por la vida marítima, Miguel, que solo tenía nueve años,
obtuvo en marzo de 1843 el permiso paterno para embarcarse en el
Tescua, un bergantín de la marina civil dedicado al
cabotaje entre Paita y otros puertos del litoral peruano y de los países del norte hasta
Panamá.
El capitán del buque era Manuel Francisco Herrera, compatriota y gran
amigo de Juan Manuel Grau. Fue el punto de partida de la carrera naútica
de Miguel, pero se truncó inesperadamente. El buque naufragó frente a
la
isla Gorgona y el aspirante a grumete se salvó milagrosamente, debiendo retornar a la vida hogareña y escolar en Paita.
16
En 1844, Grau consiguió nuevamente la autorización de su padre para
embarcarse. Esta vez quedó definitivamente enrumbada su carrera marina,
navegando en diferentes buques, a veces con transitorios retornos a la
patria.
18
En esos viajes recorrió todos los mares y los puertos más importantes
del mundo, viajando por el Extremo Oriente, Europa y Norteamérica, así
como las costas de Sudamérica en varias oportunidades.
19 El mismo Grau ha dejado una relación concisa de estos viajes, que se sucedieron entre marzo de 1843 y agosto de 1853.
20 21
Guardiamarina
Durante esos viajes que realizó en la marina mercante, Grau se adiestró en la ciencia y el arte de la navegación
22 y se inició en el conocimiento del
idioma inglés.
23
Embarcado en Paita como aspirante a grumete en 1843, regresó al Perú en
1853, convertido en piloto de primera. Tenía 19 años; había recorrido
durante 10 años, en 12 distintos buques, por varios y distantes rumbos,
aunque con breves intervalos de estadía en tierra.
24
Se instaló en Lima, con miras a ingresar a la
Marina de Guerra del Perú. Su hermano
Enrique Grau Seminario,
que también había servido en la marina mercante, tenía la misma
vocación. El padre pidió la incorporación de sus dos hijos a la Marina,
mediante solicitud firmada en Lima, el 18 de agosto de 1853, dado que
aquellos eran todavía menores de edad.
25 Mientras tanto, Miguel se inscribió como estudiante libre en el colegio del poeta
Fernando Velarde, donde estuvo hasta que se verificó su ingreso a la Marina, que se produjo el 14 de marzo de 1854, en calidad de
guardiamarina. Gobernaba entonces en el Perú el general
José Rufino Echenique.
27
Por esa época, el padre de Miguel consiguió que, en atención a sus
méritos militares y leales servicios prestados al Perú, las Cámaras
Legislativas le asignasen a su favor una pensión de gracia, de por vida,
de cuarenta pesos mensuales (1853).
22 28
Por entonces, la Marina de Guerra del Perú se había incrementado y profesionalizado, bajo el incentivo del presidente
Ramón Castilla
(primer gobierno, 1845-1851), militar muy preocupado porque su país
tuviera la hegemonía marina en Sudamérica. La armada peruana contaba con
su primer buque a vapor, el
Rímac, construido en
Nueva York, de 1300 toneladas y armado con cuatro cañones; la
fragata Mercedes, los bergantines
Guise y
Gamarra y las goletas
Peruana y
Héctor. Castilla adquirió también la fragata
Amazonas, de 1300 toneladas y 33 cañoñes, que llegó en el gobierno de su sucesor,
José Rufino Echenique (1851-1856). Este continuó la política de fortalecimiento del poderío naval con la adquisición en
Inglaterra de la fragata mixta
Apurímac y las goletas
Loa y
Tumbes.
29
El guardiamarina Grau sirvió sucesivamente en el vapor
Rímac (6 meses y 18 días, de abril a septiembre de 1854); el pailebot
Vigilante (10 meses y 21 días, de octubre de 1854 a noviembre de 1855); y el vapor de ruedas
Ucayali (4 meses y 12 días, de diciembre de 1855 a febrero de 1856).
30 31
El Guardiamarina Miguel Grau desempeña eficientemente sus
obligaciones. Destaca entre sus compañeros como excelente práctico y
verdadero conocedor de todo lo relacionado con la navegación. Posee
además los mejores atributos del marino experto. Es un hombre franco,
sincero, de reposado temperamento, con la tranquilidad de la propia
suficiencia, competente y hábil, valeroso, decidido y enérgico. Se
distingue asimismo por su carácter reflexivo, moral austera y acendrados
principios religiosos.
Geraldo Arosemena Garland
30
Estando de servicio en el
Vigilante, Grau tuvo su primera experiencia especialmente dura:
El 10 de junio de 1855, cuando el pailebot navegaba rumbo a Paita, entre Máncora
y Punta Sal, con mar gruesa y el horizonte nublado, el aspirante de
marina Manuel Bonilla, que se hallaba en el castillo de proa de la nave,
cayó al agua. Grau, que en esos momentos se desempeñaba como oficial de
guardia, dispuso que el buque se detuviera de inmediato y se echaran al
agua algunos cabos y un bote, en el que se lanzó con seis tripulantes,
con la decisión, que resultó infructuosa, de salvar al náufrago. En el
parte que Grau pasó ese mismo día al Comandante del buque, el capitán de
Fragata don Emilio Díaz,
dando cuenta de tan lamentable suceso, expresa que «todos sus esfuerzos
resultaron inútiles, pues el mencionado pilotín no sabía nadar». Y
agrega: «Sin embargo de esto me mantuve en su busca tres horas, por si
conseguía siquiera su cadáver». Concluye el parte con las siguientes
palabras, que traducen su pesar por esa desgracia: «después regresé a
bordo sin ninguna esperanza».
Geraldo Arosemena Garland
32 33
Por aquella época, Ramón Castilla volvió al poder, luego de derrotar en la
batalla de La Palma, el 5 de enero de 1855, al general José Rufino Echenique.
Alférez de fragata
El
4 de marzo de
1856 Grau recibió su primer ascenso, como
alférez de fragata, y se integró de modo formal al cuerpo de oficiales de la Marina de Guerra. Fue destinado al
Apurímac, el mejor buque de la escuadra, que estaba bajo el comando del
capitán de navío José María Salcedo (natural de Chile), y cuyo segundo comandante era el teniente
Emilio Díaz Seminario (hermano materno de Grau).
34
Se hallaba Grau en el sur, a bordo del
Apurímac, cuando estalló en Arequipa, el 10 de noviembre de 1856, la revolución a favor del general
Manuel Ignacio de Vivanco, ex mandatario y enconado rival del presidente Castilla. La insurrección era de tendencia conservadora, opuesta a la
Constitución liberal (promulgada el mes anterior) y a toda reforma liberal, en especial a las de carácter anticlerical.
35
El movimiento de Vivanco se extendió por Moquegua. Pronto, la Marina
de Guerra se sumó a los rebeldes. El levantamiento a bordo del
Apurímac ocurrió en la rada de
Arica el
16 de noviembre de
1856, siendo atizada por el
teniente segundo Lizardo Montero Flores,
marino muy inclinado a la política. Es probable que Grau se sumara a la
rebelión bajo influjo de Montero, que era su amigo y paisano. Al
Apurímac se unieron poco después el
Tumbes, el
Loa, el
Guise y el
Izcuchaca.
36
En oficio fechado en Arica, el 20 de noviembre de 1856, el comandante del
Apurímac,
José María Salcedo, dio parte a la Comandancia General de Marina ,
relatando los pormenores de la rebelión y mencionando al alférez de
fragata Miguel Grau como uno de los que la secundaron.
37 Las primeras acciones de los rebeldes fueron liberar a los presos políticos que se hallaban en los pontones
Caupolicán y
Highlander, y proclamar al general Vivanco
supremo regenerador de la República.
38
La revolución adquirió los caracteres de una
guerra civil,
una de las más largas y cruentas de la historia republicana peruana. La
escuadra vivanquista llegó frente al Callao en enero de 1857. La
Apurímac
se quedó allí, en una especie de bloqueo al puerto, mientras que el
resto de la escuadra siguió hacia el norte, para alentar a la ciudadanía
a levantarse. Los vivanquistas tomaron
Trujillo y luego
Chiclayo,
pero, perseguidos por Castilla, continuaron más al norte, para
embarcarse en Paita y caer en el Callao el 22 de abril, donde libraron
enconada lucha en las calles del puerto. Derrotado Vivanco, se retiró al
sur y se atrincheró en Arequipa, ciudad que resistió un largo asedio,
para finalmente ser
tomada sangrientamente, entre el 5 y 6 de marzo de 1858. Así finalizó la guerra civil, con el triunfo de las fuerzas gobiernistas.
38
Uno tras otro, los buques rebeldes se fueron rindiendo. La última en rendirse fue la fragata
Apurímac, que fondeó en el Callao el 25 de marzo de 1858 y se puso a disposición del Gobierno.
38 Los marinos amotinados fueron separados del servicio activo y borrados del escalafón oficial.
Separación del servicio. Otra vez en la marina mercante
Separado de la marina de guerra, Miguel Grau regresó a la marina mercante. De abril de 1859 a marzo de 1862 sirvió en el bergantín goleta
María Cristina, de propiedad de
José Antonio García y García, con el que navegó entre los puertos peruanos, hasta
Guayaquil, por el norte. En marzo de 1862, pasó al mando del bergantín
Apurímac,
con el que hace viajes desde el Callao, hasta Lambayeque, Paita y
Guayaquil, siendo el último realizado en esa ruta en septiembre de 1862,
antes de enrumbar a la Polinesia.
41
El viaje a la Polinesia tenía como fin traer bajo contrato mano de
obra barata al Perú, la que escaseaba tras la abolición de la esclavitud
dada por Castilla en 1854. Miguel Grau no participó de este negocio,
sino solamente era el capitán del buque contratado para tal labor.
Partió del Callao a fines de septiembre de 1862, haciendo una travesía
normal, hasta que, al llegar a la
isla Humphrey,
sufrió un fuerte temporal que hizo encallar a la nave (12 de noviembre
de 1862). Grau y su tripulación se salvaron con grandes esfuerzos,
refugiándose en la isla, siendo acogidos hospitalariamente por sus
habitantes. Pocos días después fueron recogidos por el bergantín
Trujillo, a bordo del cual retornaron al Perú. Es de remarcar que Grau no logró traer a ningún
canaca
o polinesio, debido al siniestro de su nave. Si lo hicieron otros
buques, cuyos capitanes no dudaron en usar el engaño y el secuestro para
cubrir sus cuotas.
42
A los isleños, hombres y mujeres, se les hacía firmar documentos de
trabajo para luego embarcarlos y traerlos al Perú donde dicho contrato
no era respetado y en la práctica se convertían en esclavos.
43
Para contextualizar este episodio, es de saber que este proyecto de
inmigración polinesia auspiciado por el gobierno peruano, duró solo
siete meses; en todo ese tiempo participaron 33 buques, entre ellos 27
peruanos, 4 chilenos, un español y uno de Tasmania. Realizaron 38 viajes
y trasladaron a 3634 personas. El proyecto concluyó el 28 de abril de
1863, por decisión del mismo gobierno peruano, que suspendió las
licencias otorgadas y aprobó la repatriación de los sobrevivientes a su
lugar de origen.
42
Mientras Grau navegaba en buques mercantes, el Perú y Ecuador enfrentaban un
conflicto (1858-1860), que culminó cuando el presidente Castilla ocupó Guayaquil y celebró con el gobierno local el
Tratado de Mapasingue. En el plano interior, Castilla convocó un Congreso Constituyente que dictó, en noviembre de 1860, la moderada
Constitución de 1860,
que suprimió algunas de las reformas liberales de la anterior Carta de
1856. Esta Constitución rigió en el Perú, salvo breves interrupciones,
hasta 1920.
44
Reincorporación a la Marina de Guerra
El
11 de abril de 1861 el Congreso de la República expidió la «ley de
reparación de los separados o indefinidos del servicio militar», que
ordenaba reinscribir en el escalafón a los borrados tras el triunfo de
la revolución de 1854-1855. Por otra ley dada el 25 de mayo de 1861,
quedaron comprendidos en los efectos de esa ley los «Generales, Jefes y
Oficiales, que hallándose o no en servicio, tomaron parte de la
revolución que terminó el año 1858». Entre los beneficiados por esta
última ley estaba Miguel Grau, que por recurso fechado el 6 de diciembre
de 1861, pidió que se declaren los goces que le correspondían como
indefinido.
45
El 24 de abril de 1862 se resolvió favorablemente su solicitud,
ordenándose inscribir al «alférez de fragata Miguel Grau» en el
«Escalafón General de la Armada» con «7 años y 27 días de servicios» y, a
la vez, se le expidió «cédula de licencia indefinida».
46 47
De esa manera, Grau solucionó su situación en la Marina de Guerra, quedando en calidad de oficial con licencia
indefinida.
Mientras tanto, a la espera de su readmisión en el servicio activo,
continuó en la marina mercante. Por entonces, concluyó el segundo
gobierno de Castilla, que el 24 de octubre de 1862 dio pase al gobierno
del mariscal
Miguel de San Román.
En noviembre de ese año, Grau se hallaba en el ya mencionado viaje a la
Polinesia. Tras el naufragio de su nave, retornó al Perú, arribando al
Callao a principios de 1863.
48 Presentó al capitán de puerto un detallado informe de su frustrado viaje, según consta en el diario
El Comercio de Lima, con fecha del 7 de enero de 1863.
49
Poco después, ocurrieron cambios en el gobierno. El presidente San
Román falleció el 4 de abril de 1863, siendo reemplazado interinamente
por el segundo vicepresidente, general
Pedro Díez-Canseco, hasta el 5 de agosto de ese año, cuando regresó de
Europa el primer vicepresidente, general
Juan Antonio Pezet.
Al mes siguiente, Grau retornó al servicio activo en la Marina de
Guerra y fue ascendido a teniente segundo (13 de septiembre de 1863),
siendo destinado a la dotación del vapor
Lerzundi. Poco tiempo después fue ascendido a teniente primero graduado (4 de diciembre de 1863).
50
En comisión a Europa
Fotografía de Miguel Grau.
Grau permaneció a bordo del
Lerzundi cuatro meses y dos días, tiempo en el que estrechó una amistad perdurable con el comandante del buque, el
capitán de corbeta Aurelio García y García.
Ambos jefes debieron suspender repentinamente sus servicios a bordo y
viajar a Europa, comisionados por el gobierno para negociar la
adquisición de modernas unidades navales. Ello, debido a que urgía
reforzar la escuadra nacional, ante la alarma desatada por la presencia
de la escuadra española del Pacífico, que camuflada bajo el nombre de
Expedición Científica, surcaba amenazante las costas peruanas desde
julio del año anterior. El
incidente de Talambo,
ocurrido en agosto, en el que murió un trabajador español, fue la
excusa para que los españoles, amparados por los cañones de su escuadra,
insistieran en entablar negociaciones con el gobierno peruano para
recibir satisfacciones por supuestos agravios.
51
Grau y García partieron del Callao el 12 de enero de 1864.
52 Días antes, el 8 de enero, se concedió a Grau la efectividad del grado de
teniente primero.
53
En febrero, ambos marinos se hallaban ya en Londres, punto central de
las negociaciones que debían llevar a cabo. De inmediato, tomaron
contacto con autoridades y empresas constructoras navales. Las
negociaciones tuvieron resultados positivos.
52 El 30 de marzo de 1864, se firmó en
Londres, con la casa J.A. Samuda & Brothers, la construcción de la fragata
Independencia, cuyo costo se estipuló en 108.000
libras esterlinas. Los firmantes por Perú fueron el cónsul, Enrique Kendall, y el capitán de fragata Aurelio García y García.
54
El 12 de agosto de 1864, admitió el Perú la propuesta de la casa Laird de
Birkenhead, frente a
Liverpool, para construir un buque sólido con aparejo de bergantín. Ese otro blindado era el
monitor Huáscar, cuya construcción fue vigilada por el capitán de navío
José María Salcedo y el capitán de corbeta Aurelio García y García.
55
Mientras tanto, en el Perú se agrava el conflicto con España. El
gobierno peruano se negó a recibir a Eusebio Salazar y Mazarredo como
comisario extraordinario enviado por la corte española, pues el Perú ya
no era colonia de España. En respuesta, el 14 de abril de 1864, la
Escuadra Española del Pacífico ocupó las
islas Chincha (productoras del
guano
peruano), desatando un grave incidente internacional. El presidente
Pezet apeló a la diplomacia para solucionar el conflicto, lo que no era
sino una forma de ganar tiempo para armar adecuadamente al Perú. Por lo
que se hacía necesario agilizar las adquisiciones bélicas en Europa.
En efecto, el gobierno peruano nombró ministro especial y
extraordinario a Federico L. Barreda (ante París y Londres), quien
actuando con gran celeridad y eficiencia, logró cerrar el contrato de
compra sobre dos corbetas francesas que habían sido construidas por
encargo del gobierno de los
Estados Unidos durante la
guerra de Secesión, pero, al no ser canceladas, fueron embargadas y puestas en remate. Se trataba de las corbetas
Shangay (surta en
Saint Nazaire) y
San Francisco (surta en
Nantes). Una vez formalizada la compra se les rebautizó, llamándolas
Unión y
América,
respectivamente. Las corbetas pasaron a poder del Perú entre noviembre y
diciembre de 1864 e inmediatamente se aprestaron para partir hacia su
nuevo destino. Al respecto, en la correspondencia de Barreda se menciona
a Miguel Grau y a Aurelio García y García como los oficiales encargados
de inspeccionar las naves, y cuyos informes decidieron la compra de las
mismas.
59
Grau, nombrado comandante de la
Unión, se dirigió
inmediatamente a Saint-Nazaire y se hizo cargo del buque el 15 de
diciembre de 1864. Por su parte, el capitán de corbeta
Juan Pardo de Zela Urizar se hizo cargo del mando de la
América.
60
Arresto en Inglaterra
La corbeta
Unión, bajo el mando de Grau, salió de Saint-Nazaire enarbolando
pabellón peruano el 18 de diciembre de 1864, y fondeó en el
Támesis el 22 de ese mes. Continuando su viaje, tocó Greenhithe y el 17 de enero de 1865 estaba ya en
Plymouth.
Es aquí donde Grau sufrió arresto por orden de las autoridades
británicas, bajo sospecha de haber violado la ley que regulaba el
enrolamiento de personal para el servicio de las naves. El que expidió
la orden de arresto fue el juzgado de
Dartford, en el condado de
Kent, hacia donde fue trasladado el detenido. El segundo comandante de la
Unión,
teniente Felipe Pardo, dirigió una nota al ministro Barreda dando
cuenta del incidente, ocurrido cuando Grau se retiraba de la casa del
almirante jefe del apostadero de Plymouth, a quien acababa de saludar.
61 62 63
Informado del suceso, Barreda, que se encontraba en París, se
trasladó a Londres encargando la defensa de Grau al abogado británico
Tilfourd Slater, a quien pidió que se presentara ante el juzgado de
Dartford para exigir que Grau fuera puesto en libertad sin condiciones.
Por su parte, Barreda dirigió al canciller británico
John Russell, una nota de protesta por la arbitraria prisión de Grau, reclamando su inmediata libertad.
64 65
El 20 de enero, el abogado Slater llegó a Dartford, donde encontró a
Grau preso, enterándose que todo se había originado cuando dos
operarios, contratados para trabajar como carboneros a bordo de la
Unión,
se habían quejado de malos tratos. Durante la audiencia, se puso al
descubierto que Grau había despedido a esos dos operarios por
insubordinados. Ventilado el juicio y sentada la protesta del Gobierno
del Perú por el atropello cometido, el juez expresó que «encontraba el
testimonio insuficiente para la formación de causa» y declaró «que no
había lugar para la detención», por lo que ordenó la inmediata libertad
de Grau. La prisión del comandante peruano solo había durado 48 horas.
66
Ahora se sabe que tras este incidente estuvo el manejo oculto de la
diplomacia española, que trataba a toda costa impedir la llegada a su
destino de los buques de guerra adquiridos por el Perú, en momentos en
que se agravaba el conflicto peruano-español en aguas peruanas. Lo
atestigua una comunicación de la legación de España en Londres dirigida
al primer secretario de Estado español, fechada el 19 de enero de 1865
con carácter de reservado. Allí dice claramente el diplomático español a
su superior, que el arresto del comandante peruano en Plymouth fue el
«resultado de las gestiones indirectas y reservadas que tenía entabladas
con autorización de V. E.»
67
Grau, en carta fechada el 23 de enero de 1865 y dirigida a Barreda,
explicó todas las incidencias acaecidas en torno a su detención.
68 Solucionado el incidente, Grau continuó el viaje al Perú.
69
La revolución restauradora
Mientras
el Gobierno del Perú compra corbetas en Francia y apresura en el Reino
Unido las gestiones para la construcción de dos blindados, continúan con
España las representaciones diplomáticas, conversaciones a fin de
obtener la devolución de las islas Chincha y el otorgamiento de una
amplia satisfacción por lo que el gobierno peruano considera un acto de
piratería internacional. Al tiempo, el Congreso expide la ley de
9 de septiembre de
1864 que autoriza al Ejecutivo para que «haga la guerra el gobierno de España» y expulse a los españoles de las islas Chincha.
Pero el tiempo transcurre sin que se restituyan las islas y el
conflicto se agudiza. Y cuando más arrecia la excitación pública, el
Gobierno del Perú, por intermedio de su comisionado, el general
Manuel Ignacio de Vivanco, celebra con el almirante español
José Manuel Pareja, que ha reemplazado a Pinzón en el mando de la flota española, el
tratado conocido con el nombre de Vivanco-Pareja; mas el pacto, suscrito a bordo de la fragata
Villa de Madrid
bajo la presión de un ultimátum, resulta inaceptable. No obstante que
expresamente se desaprueba la ocupación de las islas y el alegado título
de reivindicación de derechos, el arreglo hiere el orgullo nacional de
los peruanos y hace que se intensifique la indignación popular. Y es que
por el tratado, además de aceptar el Perú el reconocimiento de los
créditos que pudieran existir a favor de súbditos españoles desde la
época de la
independencia,
con la intervención de un comisario regio en las discusiones, se
conviene en el pago de tres millones de pesos fuertes a favor de la
Corona de España; suma que se abona de inmediato para cubrir, en
concepto de indemnización, los gastos que la escuadra agresora ha
soportado desde que ella misma promovió el conflicto ocupando las islas
el 14 de abril de 1863. Se consigna también en el tratado el hecho
inexacto de que el Perú se había negado a aceptar la devolución de las
islas.
La situación se agrava con el repudio del tratado por la opinión
pública. No se concibe cómo el país que ha sido víctima del atropello
pueda acabar indemnizando al agresor. Las explicaciones del gobierno de
que al devolver las islas se ha saludado a la bandera y que el arreglo
pactado constituye un sacrificio que salva al país de los horrores de la
guerra son insostenibles, en el caldeado ambiente político, propicio a
la revuelta, que no se hace esperar.
El
28 de febrero de
1865 estalla en Arequipa la revolución que encabeza el prefecto coronel
Mariano Ignacio Prado. En
Chiclayo el coronel
José Balta secunda el movimiento y se levanta en armas el
12 de abril. La revolución se organiza y el coronel Prado asume el cargo de comandante en jefe de la Revolución Restauradora, y el coronel
José Balta,
el de segundo comandante. El jefe político al que corresponde gobernar
el país, en su carácter de segundo vicepresidente de la República, es el
general
Pedro Díez-Canseco.
La insurrección progresa en todos los frentes y las tropas
restauradoras del norte y del sur avanzan sobre la capital y ganan
nuevas poblaciones. Parte de la escuadra peruana, al mando del capitán
de fragata
Lizardo Montero, se adhiere al movimiento. La
Amazonas, el
Tumbes y el
Lerzundi obedecen sus órdenes.
Entre tanto, Grau, que ha dejado el Reino Unido el
5 de febrero, se dirige con la
Unión hacia las islas Madeira, junto con la
América, comandada por el capitán de corbeta
Juan Pardo de Zela Urizar. El
12 siguen los dos buques a
Cabo Verde donde tocan el
20 y el
22 continúan viaje a
Río de Janeiro, puerto al que arriban el
6 de marzo. Aquí Grau se dedica a componer la máquina de la corbeta que ha sufrido desperfectos en la travesía. El
26 parte en convoy con la
América
pero, al siguiente día, después de navegar más de 100 millas, Grau se
ve obligado a regresar a puerto. Un furioso temporal causa graves daños a
la
Unión en su arboladura, al extremo de tener que ser remolcada por la
América. De vuelta en Río de Janeiro las reparaciones de la
Unión, entorpecidas por incesantes lluvias, demoran dos largos meses. Recién el
6 de junio, Grau puede hacerse a la mar. Un mes después, el
6 de julio, fondea la
Unión en
Valparaíso.
Ya desde el 1 de mayo, el presidente Pezet había ascendido a los
comandantes de las dos corbetas. El artículo único de la orden general
de la Armada, transcrita en oficio de
6 de mayo dice:
"Su Excelencia el Presidente con fecha 1º del actual, y con abono a
la antigüedad del 31 de marzo último, ha expedido a favor del capitán de
corbeta don Juan Pardo de Zela, despacho de capitán de fragata
efectivo; para el teniente primero don Miguel Grau el de capitán de
corbeta" (corre en el libro respectivo del escalafón de Marina, en la
página 70) "y al alférez de fragata don José E. Castañón el de teniente
segundo."
En Valparaíso Grau se informa de la grave situación que atraviesa el
Perú y expresa a la oficialidad del buque su firme resolución de
combatir al lado de las fuerzas de Prado y de Balta. Nada vale ante él
la solicitud que en nombre del Gobierno de Lima le formula su anciano
padre, que ha hecho viaje a
Chile
con el sólo propósito de entregarle un mensaje personal del presidente
de la República en el que le pedía sumisión al régimen constitucional.
La
Unión se une así a la escuadra rebelde y presta todo su apoyo a los ejércitos que combaten al gobierno.
Grau, como comandante de la
Unión, realiza las operaciones que
más convienen al éxito de la revolución. Patrulla las costas, traslada
tropas, vigila puertos, transmite informes y ejecuta distintas
comisiones para la causa que defiende. En premio a los méritos
efectuados y en pleno período revolucionario, es ascendido, el
22 de julio, a la clase de
capitán de fragata por el segundo vicepresidente de la República, el general Pedro Díez-Canseco, que se encuentra esos días en la
sierra del centro
en unión del coronel Mariano Ignacio Prado, después de dominar todo el
sur. Es interesante el parte, escrito por Miguel Grau, que eleva a la
Comandancia General de Marina el
5 de octubre de
1865, estando al ancla en el puerto chinchano de
Tambo de Mora.
70
El Gobierno de Lima, por su parte, da de baja a Grau, junto con otros marinos que se habían adherido a la revolución, el
16 de agosto.
La revolución prosigue y los combates se suceden en todas partes, con
resultados favorables a los insurrectos. El coronel Balta en el norte
obliga a rendirse a las tropas adictas al régimen:
Piura,
Chiclayo,
Trujillo,
Cajamarca y
Huaraz reconocen la autoridad de Balta. Ganado el norte, gran cantidad de tropas viaja del norte a
Pisco, para unirse con las del sur en
Chincha y emprender en conjunto un más vigoroso empuje sobre la capital. Los ejércitos revolucionarios entran en Lima el
6 de noviembre y obligan a capitular a las fuerzas del general Pezet.
Organizado el nuevo gobierno por el general Pedro Díez-Canseco, se realiza en la capital el
26 de noviembre
un gran mitin popular en el que con aceptación de jefes del ejército se
propone la dictadura, que el presidente rechaza. La dictadura es
aceptada por el coronel Mariano Ignacio Prado, jefe de la revolución
triunfante.
Se prepara sin demora al país para la
guerra con España. El
15 de diciembre el Perú firma con Chile, que ya se encuentra en guerra con España desde el
6 de octubre, un tratado de alianza ofensiva y defensiva, al que después se adhieren Bolivia y Ecuador, y el
14 de enero de
1866 se formula de declaración del estado de guerra con España como culminación de los ideales de la revolución restauradora.
Guerra hispano-sudamericana
Ajustada la alianza con Chile por el tratado de
5 de diciembre de
1865
y en víspera de la declaratoria de guerra a España, el Gobierno del
Perú apresura la formación de una División Naval, bajo las órdenes del
capitán de navío
Manuel Villar, la que queda integrada por las fragatas
Amazonas y
Apurímac y las corbetas
Unión y
América, recién llegadas de Europa. A fines de diciembre salen hacia el sur para unirse a la escuadra chilena, compuesta por la
Esmeralda y la
Covadonga, ésta última capturada poco antes a los españoles entre
Coquimbo y
Valparaíso. La escuadra navega rumbo al
Estrecho de Magallanes para dar encuentro a los blindados peruanos
Independencia y
Huáscar, recientemente construidos, que se esperaba ya hubiesen salido de los astilleros británicos rumbo al Callao.
El combate naval de Abtao.
El
15 de enero de
1866, al día siguiente de la declaratoria de guerra a España, la división del Comandante Manuel Villar llega a
Chayahué, apostadero de la escuadra chilena en
Chiloé, al abrigo de la isla de Abtao. Ese mismo día la
Amazonas, al introducirse por uno de los estrechos canales de Abtao, naufraga, quedando su casco varado en la playa.
Días después, el
21 de enero, las fragatas españolas
Villa de Madrid y
Blanca salen de Valparaíso en busca de la Escuadra aliada para empeñar combate. En la tarde del
7 de febrero, las fragatas españolas se aproximan resueltamente a los canales de Abtao. Se baten por parte de Perú, la fragata
Apurímac, a órdenes del Jefe de la Flota peruana capitán de navío Manuel Villar y las corbetas
Unión y
América, a órdenes de los capitanes de fragata Miguel Grau Seminario y
Manuel Ferreyros. Interviene también la goleta chilena
Covadonga al mando del capitán de corbeta
Manuel Thomson.
Luego de dos horas de intenso fuego, las fragatas españolas abandonan
los canales de Abtao con serias averías y el convencimiento de que no
era posible forzar la resistencia naval de la escuadra aliada. A los
pocos días después del combate naval de Abtao, la escuadra aliada se
traslada a Huito, cuyo canal de acceso tiene mejores defensas que el
apostadero de Chayahué.
Atestiguando la valía de las corbetas peruanas, el comandante de la
Villa de Madrid, Claudio Alvear Gonzáles, en el parte que sobre el combate de Abtao pasó al Jefe de la Escuadra española decía, lo siguiente:
«Los tiros más certeros, de más alcance y de más efecto fueron los de las dos corbetas peruanas América
y Unión
». Por su parte el Jefe de la Escuadra chilena
Juan Williams Rebolledo, saludando los resultados del combate de Abtao, felicitó al capitán de navío Manuel Villar con la siguiente carta:
"Aproximándose la salida del vapor de la carrera y deseando imponer
al Supremo Gobierno el hecho de armas que tuvo lugar el 7 del actual y
que V.S. con tanto acierto dirigió, espero que V. S. me dará los
pormenores a fin de comunicarlos.
Esta oportunidad me permite congratular a V. S. y a los Jefes,
Oficiales y tripulaciones peruanas, por el arrojo y serenidad que han
manifestado durante las dos horas que duró el combate, bajo un fuego
sostenido por ambas partes y por el resultado favorable que se ha
obtenido, el cual se debe a la Escuadra del Perú.
V. S. sabe bien cuanto importa la derrota que han sufrido las naves
enemigas y la prueba que han dado sus subordinados es un motivo poderoso
para esperar más tarde un espléndido triunfo."
Monumento a Miguel Grau en
Genova, Italia.
Después del resultado favorable del combate, las corbetas
Unión y
América
salen el 25 de marzo nuevamente en dirección sur al Estrecho de
Magallanes, para encontrarse con los nuevos blindados peruanos, que con
toda seguridad estaban en viaje al Perú. De retorno, sin encontrar a los
blindados, Grau al mando de la
Unión, fondea en Valparaíso, puerto desguarnecido que había sido bombardeada el
31 de ese mes por la escuadra española. Recogiendo en este puerto al almirante
Manuel Blanco Encalada, nuevo Jefe de la Escuadra chilena y algunos otros marinos, la
Unión retorna a Huito, en donde permanece hasta el
15 de mayo en que se dirige nuevamente a Valparaíso. De este puerto, vuelve al sur hacia
Ancud, para reunirse con el resto de la flota aliada, en espera de los
acorazados peruanos.
En el norte, la guerra continúa y el almirante español
Casto Méndez Núñez, al mando de siete navíos, decide incendiar el Callao, así como lo ha hecho con Valparaíso. Cumpliendo su anuncio, el
2 de mayo
rompe los fuegos de 300 cañones sobre el puerto peruano. Después de más
de cuatro horas de intenso bombardeo, en el que dos fragatas españolas
tuvieron que retirarse tras ser alcanzadas por las defensas costeras, la
escuadra española se retira sin haber cumplido sus objetivos, para no
regresar jamás. En dicho combate muere el ministro de Guerra y Marina,
José Gálvez, tribuno liberal.
La fragata
Independencia y el monitor
Huáscar, que el Perú esperaba ansiosamente, salieron de sus respectivos astilleros del Támesis y del Mersey, en enero de
1866, al mando de los comandantes
Aurelio García y García y
José María Salcedo. Los buques se juntan en
Brest el
20 de febrero y el
27 dejan ese puerto con rumbo a las
Azores, donde arriban el
4 de marzo. El
7 zarpan rumbo a San Vicente, en el archipiélago de
Cabo Verde, en donde anclan el
12. El
1 de abril, después de un accidentado viaje, fondean en Río de Janeiro. El
24 de mayo, son avistados por la
América en el Estrecho de Magallanes. Y el
7 de junio arriban a
Ancud, donde se reúnen con el resto de la escuadra peruana. El
11 de junio,
la escuadra peruana, sale con rumbo a Valparaíso, puerto en el que
permanecen anclados cerca de dos meses, a órdenes del capitán de navío
Lizardo Montero, que ha sucedido en el mando al almirante Salcedo. La
flota espera en Chile, las órdenes del Gobierno de Lima.
Arresto en la isla de San Lorenzo
Mientras la escuadra peruana se movilizaba, el Gobierno de Lima,
después del combate naval del 2 de mayo, tenía en proyecto una
expedición naval a
Filipinas
con los nuevos blindados, a fin de desalojar de esas islas a los
españoles. Para realizar esa audaz empresa el Gobierno peruano contrata
en
Estados Unidos de América
al contralmirante de la marina estadounidense John R. Tucker, quien
arribó a Valparaíso a principios de julio, asumiendo sus funciones de
Jefe de la Escuadra. La insignia fue izada precisamente en la
Unión,
la nave que Miguel Grau comandaba. Sin embargo, antes que el almirante
John R. Tucker asumiera el mando, los marinos peruanos, noticiados que
la escuadra peruana iba a ser comandada por un almirante extranjero,
escribieron al Gobierno de Lima, expresando la penosa impresión que les
causaba esa resolución que, en buena cuenta, significaba dudar de su
lealtad y competencia y solicitaron que el nombramiento del almirante
Tucker fuera revocado o, en su defecto, que se accediera al relevo de
sus puestos.
El Gobierno de Lima desechó la petición de los comandantes y jefes de los buques anclados en Valparaíso y, el
23 de julio,
expidió una resolución suprema, por el ramo de Guerra y Marina,
disponiendo que el Secretario de Estado en el despacho de Hacienda y
Comercio,
Manuel Pardo,
viajara a Valparaíso, investido de amplias facultades, para arreglar
todo lo concerniente al servicio de la Marina. Dos días después en el
transporte de guerra
Callao, parte el Secretario de Estado,
llevando consigo a los jefes y oficiales de Marina que debían llenar las
plazas vacantes, de conformidad con las instrucciones recibidas.
Al arribar a Valparaíso, el Secretario de Estado Manuel Pardo
transcribe al capitán de navío Lizardo Montero, Comandante de la Flota,
la resolución del 23 de julio. Como los marinos insistieron en su
renuncia, el señor Pardo les dirigió una nueva comunicación, el 3 de
agosto, en los siguientes términos:
En virtud de la nota que he tenido el honor de poner en manos de U.
S. y de las órdenes supremas, sírvase U. S. disponer que se haga
reconocer como comandantes de los buques de guerra a los siguientes
jefes: al capitán de navío don José María Salcedo, como Comandante del
monitor Huáscar; al capitán de navío don José María García, como Comandante de la fragata Independencia; al capitán de fragata, don Juan Pardo de Zela, de la corbeta América; y al capitán de corbeta don Camilo Carrillo, de la corbeta Unión.
Dos días después se remitió a los marinos la siguiente orden circular:
Que los jefes, oficiales y guardiamarinas se presenten en 24 horas a
bordo de los buques a donde harán renuncia, por el conducto regular, los
que no quisieran continuar en el servicio. Los que no cumplieses con
venir quedarán declarados desertores de la armada al frente del enemigo.
Luego, se ordenó a los renunciantes que se embarcaran en el transporte
Callao en el que serían llevados el primer puerto de la república del Perú.
Los jefes y oficiales de los buques surtos en la rada de Valparaíso
se sometieron a las disposiciones del Gobierno peruano, y entregaron los
buques a los marinos embarcados en el transporte
Callao para reemplazarlos. Miguel Grau dejó la
Unión al capitán de corbeta
Camilo N. Carrillo. Los marinos renunciantes, llegados al Callao el
15 de agosto, fueron llevados a la
isla San Lorenzo, frente a
La Punta, Callao, en condición de arrestados. Sumaban más de treinta los marinos arrestados. En el diario
El Comercio del
16 de agosto de 1866, se inserta un telegrama del Callao del día anterior, que dice así:
"A las 5 ½ ha fondeado el vapor de guerra nacional Callao
,
procedente de Valparaíso, de donde salió el 8 del presente. Vienen a su
bordo el comandante Montero y todos los jefes y oficiales que se
negaron a reconocer al contralmirante Tucker. El Callao
fue puesto en incomunicación”. El
24 de septiembre de
1866, desde Valparaíso el contralmirante John R. Tucker agradece el despacho de contralmirante de la
Armada del Perú, que le confiere el Gobierno
“durante la guerra con España”.
En la isla San Lorenzo los marinos fueron sometidos a juicio acusados
de insubordinación, deserción y traición. Rosendo Melo, en su libro
Historia de la Marina del Perú, editado en Lima, en
1907, cuenta que esta detención fue sólo nominal, lo mismo que el sumario y dice:
El cautiverio no impedía pasar la mayor parte de su tiempo en Lima o
en paseos por la isla, cuando no lo empleaban a bordo en ejercicios de
esgrima, de tiro o de natación. Montero florete en mano no se dejaba
tocar. Grau, nadando era un pez.
El juicio duró seis meses. El
24 de enero de
1867
los jefes y oficiales detenidos fueron llevados de la isla San Lorenzo
al puerto del Callao, en donde quedaron presos, teniendo la ciudad por
cárcel. Al día siguiente, entró en funciones el Consejo de Guerra, en el
local de la extinguida Comandancia General de Marina, presidido por el
mariscal Antonio Gutiérrez de la Fuente e integrado por los generales de
división, Manuel Martínez de Aparicio, y José Rufino Echenique y por
los generales de brigada, Pedro Cisneros, Baltasar Caravedo,
Luis La Puerta y
Nicolás Freire. El comandante Miguel Grau Seminario tuvo como defensor al orador e insigne abogado de la segunda mitad del siglo XIX,
Luciano Benjamín Cisneros.
La defensa de Cisneros se basó en que no hubo insubordinación, por
cuanto Grau había acatado las órdenes del Gobierno al embarcarse en el
transporte
Callao, que no hubo rebelión, por cuanto
“sólo
había planteado una renuncia y finalmente, que no podía ser desertor,
por cuanto el Gobierno lo había separado de su cargo”. Además el
hecho de indisciplina quedaba descartado, al haber presentado su
petición antes de que el comodoro Tucker se hiciera cargo de su puesto.
El
9 de febrero de
1867 culminaron las defensas y el Consejo pasó a sesión secreta. El
11 se dictó sentencia y, por unanimidad de votos, el Consejo declaró inocentes a todos los procesados.
Dolores Cabero Nuñez, esposa de Grau.
Repuesto en sus derechos y prerrogativas y salvado su honor de
marino, Miguel Grau pide licencia a la Comandancia General de Marina, en
oficio de 30 de marzo de 1867 para ocuparse en la marina mercante
“en ejercicio de su profesión naval”.
El 2 de abril la licencia es concedida y, cuatro días después, Grau
formula otra en que solicita, de conformidad con las ordenanzas navales,
permiso para contraer enlace con la distinguida dama limeña Dolores
Cabero y Núñez. Otorgada la autorización, el matrimonio se realiza en la
parroquia del Sagrario en Lima el
12 de abril
de ese año. Apadrinan la boda el general Miguel Medina y la señora
Luisa Núñez de Cabero. Los testigos son tres íntimos amigos del novio,
marinos también: Manuel Ferreyros, Aurelio García y García y Lizardo
Montero. Ya se les conocía por ese entonces como
los Cuatro Ases de la Marina.
A poco de los hechos relatados, el contralmirante John Tucker cesó en
el mando de la escuadra, recibiendo en cambio, una comisión para
exploraciones en los ríos de la
selva amazónica peruana, volviendo el comando de los buques a marinos peruanos.
Miguel Grau en el monitor Huáscar
El
31 de agosto de 1867 se promulga en el Perú una
nueva Constitución,
que reproduce las reformas liberales de la Carta de 1856, abolidas por
la Constitución de 1860. Su espíritu, excesivo para la época, hace que
estalle la
revolución,
acaudillada en el sur por el general Pedro Díez-Canseco y en el norte
por el Coronel José Balta. El ambiente popular exaltado favorece la
causa revolucionaria que, en Arequipa y
Chiclayo, triunfa después de sangrientos combates.
Miguel Grau, que desde mayo de 1867 sirve en la marina mercante, en
un barco británico, es llamado a reincorporarse a la Armada del Perú por
el General Pedro Díez-Canseco, que ha vuelto a la Presidencia de la
República el
22 de enero de
1868.
El 27 de febrero Grau es nombrado comandante del monitor
Huáscar, con el grado de
capitán de fragata, cargo que va a retener más de ocho años consecutivos y que sólo dejará en
1876 cuando se incorpora al Congreso como diputado por Paita, para reasumirlo después en
1879 al empezar la
Guerra del Pacífico
que enfrentó a Bolivia y Perú de un lado y Chile de otro. El buque fue
bautizado con ese nombre por designación expresa del General Pezet, que
impartió con tal objeto una Orden General el
13 de septiembre de 1865. La referida Orden justifica el nombre así
"...nombre
que por ser el del último Monarca legítimo que ocupó el trono de los
Incas, encierra en sí grandes recuerdos históricos".
Fue estando en el
Huáscar, buque de su predilección, que Grau recibe el
25 de julio de
1868
el ascenso a capitán de navío graduado, que le confiere el presidente
de la República, el general Pedro Díez-Canseco. Grau sólo tiene 34 años
de edad.
Una semana después del ascenso de Grau, el 2 de agosto de 1868, asume
la Presidencia de la República, en elecciones libres, el coronel José
Balta, de limpia trayectoria militar y política y una de las figuras de
mayor relieve de la
historia peruana.
Grau es amigo y gran admirador de Balta desde años atrás. Ambos han
peleado en el mismo campo, en defensa de los mismos ideales, en 1865
contra el Tratado Vivanco-Pareja, y luego en la
guerra con España. Balta, que aprecia a Grau y conoce sus cualidades, lo confirma en el mando del
Huáscar durante los cuatro años de su periodo de gobierno.
Con el advenimiento de Balta al poder se inicia en el Perú una época
de efectiva paz social y de auténtica prosperidad en todas las
actividades nacionales. Se ejecutan grandes obras públicas, caminos,
ferrocarriles, puentes, muelles, irrigaciones, puertos, progresando en
infraestructura el país en forma que no tiene precedentes en la historia
peruana. De lo que nadie se dio cuenta en aquella época es que la
aparente bonanza de que gozaba el país era producto de los empréstitos
de la casa Dreyfus, producto del denominado
Contrato Dreyfus,
por el que la casa Dreyfus adelantaba cantidades de dinero en metálico a
cambio de la explotación y comercialización, en régimen de monopolio,
del
guano y el
salitre,
a la sazón la mayor riqueza del Perú por esa época). La casa Dreyfus a
cambio, debía pagar con las utilidades que le reportara al Gobierno
peruano.
Por aquella época, ya Grau gozaba de alto prestigio internacional,
como experto marino y hombre recto de imparcial criterio, que es
designado árbitro para que se pronuncie sobre las responsabilidades
derivadas de una colisión entre dos buques de guerra extranjeros, uno
británico,
Glaid Maiden y otro estadounidense
Kit Carson, pronunciando su fallo en noviembre de 1868. En relación a este hecho, el diario
El Comercio de Perú publicó en sus ediciones del
5 y
12 de noviembre de 1868 lo siguiente:
Los Comandantes de ambas naves depositaron su confianza en el
Comandante del Huáscar, abrigando la seguridad de que el fallo sería
expedido con plena justicia. Grau, en el fallo que dicta, dice así: “Que
los capitanes de ambos buques han tenido omisiones y descuidos en
procedimientos y maniobras y no han obrado con el acierto que debían;
que aunque los daños que se derivan de la colisión son recíprocos y
mayores los de un buque respecto del otro, dichos daños no son sin
embargo imputables al uno más que al otro capitán; y que cada uno
reporte sus propias averías por haber sido, recíprocamente, causantes de
los daños. Y por esta sentencia, en justicia, así lo resuelvo,
pronuncio y firmo, en el Callao a 10 de noviembre de 1868. Miguel Grau,
Comandante del Huáscar.
El
26 de enero de
1869, Balta promulga la ley de gratitud nacional a los vencedores del
2 de mayo y
Abtao. Grau, que comandaba la
Unión
en el Combate Naval de Abtao, recibe el título de benemérito a la
patria en grado heroico. La condecoración que se le impone en el pecho,
es de oro, esmaltada, con la siguiente inscripción en el anverso:
“Fue uno de mis defensores”; y, en el reverso:
“7 de febrero de 1866”.
Ese mismo año, el Presidente Balta, con fecha 22 de octubre, expide una
resolución en donde se reconoce a Grau como abono a su tiempo de
servicios, el tiempo que estuvo navegando en buques mercantes después de
promulgarse la ley de reparación del 11 de abril de 1861, así como el
posterior periodo que pasó igualmente en la marina mercante británica al
finalizar el juicio por la cuestión Tucker. Por su mérito se agrega a
los servicios reconocidos tres años y cinco meses más a su favor.
Durante el Gobierno del coronel Balta, Grau se convierte en uno de
los más eficientes colaboradores y obtiene varias comisiones como
estudio de las condiciones hidrográficas de varios puntos de la costa
peruana, a fin de habilitar nuevos puertos. Tampoco descuida la
formación militar de la tripulación del buque a su mando. En febrero de
1869, se dirige al mayor de Órdenes del Departamento, en donde le dice,
entre otras cosas: “Hace diez meses que la tripulación del buque de mi
mando no ha hecho ejercicios de rifle a fuego, por lo cual espero que U.
S., se sirva dar el correspondiente permiso para efectuarlo”, logrando
conseguir la autorización respectiva para estos ejercicios de fuego.
En junio de 1870, Grau recibe una comisión para viajar a Chile con su buque, el monitor
Huáscar.
Recorre los puertos del sur del litoral peruano y la costa boliviana,
arribando a Valparaíso. La misión consistía en escoltar al bergantín
francés
Lucie, que trae cargamento de armas para Perú, adquiridas
por el Presidente Balta y llega al Callao el 27 de julio. En Chile, no
sólo espera al buque francés sino que observa la escena político y
militar y ya de retorno al país da sus personales informes al Presidente
José Balta.
Aparentemente, la Marina de Guerra del Perú progresa. Sin embargo, el Presidente Balta adquiere los monitores fluviales
Manco Cápac y
Atahualpa, de lento andar (no desarrollaban más de 2
n),
que tuvieron que llegar al Perú remolcados, con lentos cañones, si bien
de 500 libras, pero de lenta avancarga y de hierro dulce que impedían
sostener una cadencia de disparo, porque podían fundirse por el calor;
en conclusión, compró chatarras para la Marina de Guerra del Perú. Lo
grave es que aún sabiendo que eran monitores fluviales y que iban a ser
usados en el mar, los compró. Por ello, es uno de los responsables que
años más tarde el Perú con cara a la guerra, se encontrara en
inferioridad de condiciones.
Lo peor es que los informes personales de Grau eran gravísimos,
informes que fueron confirmados en enero de 1872 por el Cónsul del Perú
en Valparaíso, coronel Adolfo Salmón. Esta confirmación del Cónsul
peruano daba cuenta de la decisión del Gobierno de Chile de adquirir en
el Reino Unido dos blindados, para aventajar al Perú en el mar. Balta,
entonces, decidió incrementar la Armada peruana con dos acorazados de
mayor blindaje y poder que los que contratara Chile, a fin de mantener
la preponderancia naval sobre Chile. Es así que Balta con cargo a dar
cuenta al Congreso, firma una resolución suprema, el 14 de febrero de
1872, con acuerdo del Consejo de Ministros, ordenando la construcción en
el Reino Unido de poderosos acorazados con mayor poder de fuego que los
que Chile pretendía adquirir, además de dos cañoneras guardacostas y
armamento terrestre. Para este efecto envía a Londres una misión naval
presidida por el capitán de navío
Manuel J. Ferreyros, que se desempeñaba como Comandante General de la Marina.
La Comisión Naval llegó a concertar en mayo de 1872 los contratos
para la construcción de dos acorazados de 3.000 t cada uno, 15 millas de
andar, 9 pulgadas de blindaje y cañones de 500 libras, que eran de
indiscutible superioridad a los dos blindados que mandó construir Chile,
el
Almirante Blanco Encalada y el
Almirante Cochrane, de
2.200 t cada uno, blindaje de siete pulgadas, andar de doce millas y
cañones de 300 libras. Y aquí aparecen las consecuencias del Contrato
Dreyfus: al enterarse de las negociaciones para la adquisición de los
acorazados, la Casa Dreyfus, agente financiero del Perú en París, exige
que antes de proporcionar los fondos para la construcción de los
acorazados se arreglasen sus cuentas antes de proceder al adelanto de
fondos para adquirir los buques. Lo anterior y el asesinato del coronel
José Balta, ocurrido en julio de 1872, impidieron se llevara a cabo el
proyecto trazado.
La revolución de los hermanos Gutiérrez
El Presidente Balta condujo el agitado proceso electoral del año 1872, resultando elegido
Manuel Pardo y Lavalle, distinguido estadista de reconocidos méritos; el coronel
Tomás Gutiérrez a la sazón Ministro de Guerra y Marina, decidió oponerse a la voluntad popular y dar un
golpe de Estado, con el acuerdo y conformidad de sus tres hermanos, los coroneles
Silvestre,
Marceliano y
Marcelino Gutiérrez.
Organizada la revuelta, el 22 de julio, once días antes de la
transmisión del mando, se ejecuta el golpe y se disuelve el Congreso,
cuando ya éste había aprobado declararlos delincuentes de “
lesa patria” y que se encontraban “
fuera de la ley”.
La revuelta comenzó a fracasar ya que los únicos cuerpos que se
unieron a Tomás Gutiérrez fueron los que mandaban sus hermanos. Para
someter a la Escuadra, el Ministro de Guerra y Marina envía una orden al
Comandante General de Marina, capitán de navío Diego de la Haza, que
dice así:
Señor Comandante General de Marina. Ordene Ud., que la Escuadra
secunde el movimiento que se ha hecho en Lima. Se ha botado al Congreso y
don José Balta está preso. Su afecto amigo Tomás Gutiérrez. Lima, julio
22 de 1872.
El telegrama anterior es rechazado por los jefes de la Armada, por lo
que nuevamente Tomás Gutiérrez, ya instalado en Palacio de Gobierno en
Lima, vuelve a enviar otro documento, ordenando a la Armada ponerse bajo
la autoridad del nuevo Gobierno que él preside. A esta nueva orden, los
jefes de la Armada vuelven a rechazarla incluyendo al capitán de navío
Diego de la Haza, quien contestó en esos términos a Palacio de Gobierno.
La noche del 22 de julio, los comandantes de los buques luego de
reprobar unánimemente el golpe revolucionario y de negarse a prestar su
concurso al Dictador, se reúnen en la Comandancia General de Marina.
Miguel Grau que había ordenado encender las calderas de su buque,
indignado ante los acontecimientos sucedidos en la capital, sugiere que
los comandantes de los buques se trasladen al vapor
Marañón, con
la finalidad de tomar una decisión sobre la actitud a tomar. En dicha
reunión se acordó movilizar la Escuadra y zarpar rumbo a la isla San
Lorenzo, para ahí, tomar con amplias libertades determinaciones
definitivas. El día
23 de julio,
los jefes y oficiales de la Escuadra, encabezados por Grau, suscriben
una proclama contra el golpe revolucionario y reafirman su decisión de
luchar por el restablecimiento del orden y la ley. Firman este documento
los siguientes Jefes y Oficiales de Marina: Miguel Grau,
Aurelio García y García, Samuel Palacio,
Camilo N. Carrillo,
Carlos Ferreyros, Miguel Ríos, Julio Sagasti,
Manuel Melitón Carvajal,
Simón Cáceres, Carlos Arrieta, F. M. Frías, Amaro G. Tizón, Ruperto
Gutiérrez, Ramón Freyre, M. Espinosa, Darío Gutiérrez, Enrique Carreño,
Pedro Rodríguez Salazar, Eugenio Rasgada, Serapio Tejerina, Arístides de
la Haza, Antonio Jimeno, Andrés Rey, Manuel Dávila, Bernabé Carrasco,
Miguel Dodamonte, A. Gerardo Carrillo, Carlos R. Colmenares, Manuel C.
de la Haza, Agustín Arrieta, Froilán Miranda, José C. Valencia, Federico
Delgado, Francisco León,
José Melitón Rodríguez Pérez,
Manuel Valderrama, Máximo Tafur, Tomás M. Cárdenas, Manuel Aparicio,
Julio Jiménez, Ezequiel Fernandini, Francisco Guerci, Francisco Flores,
Manuel T. Reyes y Francisco Miranda. Firmada la proclama, se hace
circular por el Callao y Lima y la Escuadra se retira del Callao y
fondean el 24 en las islas Chincha, al sur del Callao y continúan viaje
al sur. El 26 la Escuadra llega a
Islay.
Ese día, ya fracasada la revuelta, el Presidente José Balta es
asesinado vilmente en el cuartel San Francisco, en donde estaba
detenido.
Enterado el pueblo del asesinato del Presidente Balta, su reacción
fue tremenda. Los coroneles Gutiérrez caen en mano de la furia popular
exasperada por la desaparición del coronel José Balta, a quien todo el
Perú admiraba y quería. Los Gutiérrez, ese mismo día, pagan con su vida
el crimen cometido. Los disturbios se extienden por Lima. Mientras en
Lima ocurren los sucesos descritos, en el sur, Miguel Grau, desde el “
Huáscar”, fondeado en
Islay, dirige una extensa circular encaminada al derrocamiento de la dictadura dirigida a los prefectos de
Arequipa,
Cuzco,
Puno,
Moquegua y
Tacna, a los subprefectos de
Arica e Islay, a los Presidentes de las Cortes Supremas de Arequipa, Puno y Moquegua y a los alcaldes municipales de
Tacna y
Tarapacá.
La circular da cuenta de los hechos ocurridos en Lima y la posición de
rechazo a la dictadura asumida por la Escuadra. El 1 de agosto ya
restablecido el orden y la normalidad, en el país, el comandante Grau,
promotor de la resistencia, envía al señor Ministro de Guerra y Marina,
el informe detallado de los sucesos acaecidos en la Armada Peruana,
desde el 22 de julio en que estalló la revolución. En ese informa da
cuenta que el día 29 de julio a las siete de la tarde, en el puerto de
Pisco,
se enteró del asesinato del Presidente Balta y del restablecimiento del
orden en la capital, por lo que zarpó inmediatamente con destino al
Callao.
El 5 de agosto, restablecida la normalidad y estando ya en funciones
el Presidente Electo Manual Pardo, el comandante Grau envía al Mayor de
Órdenes del Departamento, capitán de navío
Ezequiel Otoya, la nómina de todos los jefes, oficiales y tripulantes de los buques de la Escuadra, que se embarcaron en el
Huáscar, la noche del 22 de julio, dispuestos a luchar contra la dictadura.
El nuevo Presidente de la República, Manuel Pardo, pocos días después
de asumir el mando de la República, decide asesorarse por expertos
consejeros en todo lo relacionado con las necesidades del Ejército y la
Marina. Para este efecto expidió un decreto supremo, el 14 de agosto de
1872, creando Comisiones Consultivas de Guerra y de Marina. La Comisión
de Marina quedó integrada por ocho jefes de la Marina de Guerra, uno de
ellos fue el capitán de navío Miguel Grau. Esta Comisión se instaló el
26 de agosto y la conformaban los siguientes oficiales: contralmirante
Domingo Valle Riestra, capitales de navío Manuel J. Ferreyros, Aurelio
García y García, Miguel Grau, José R. Carreño, Camilo N. Carrillo, Juan
Pardo de Zela y José Elcorrobarrutia. También concurrió especialmente
invitado el capitán de navío Lizardo Montero, Senador por Piura.
El Huáscar, rumbo al sur
Miguel Grau con uniforme naval de la Marina de Guerra del Perú, con
insignias de capitán de navío. Museo Naval del Perú en el Callao
Luego de limpiar fondos el 29 de agosto de 1872, el 1 de septiembre el “
Huáscar”, al mando de Miguel Grau, sale con rumbo sur del Callao conjuntamente con el “
Chalaco” y llegan a
Iquique
el día 5. El comandante Grau tiene instrucciones precisas del Supremo
Gobierno, va en busca de fidedignas informaciones sobre los sucesos que,
por cuestiones limítrofes, ocurren entre las repúblicas de Bolivia y
Chile y que comprometen las relaciones de buena vecindad.
Las dificultades limítrofes entre Bolivia y Chile provienen de la
explotación del guano y el salitre por compañías chilenas, en los
desiertos bolivianos de
Atacama. Los incidentes fronterizos se suceden no obstante que la línea de separación es fácilmente identificable. Ya en
1866, luego del combate del Dos de Mayo, en un ambiente de paz y concordia, se fijó en un tratado de límites, suscrito el
10 de agosto, el paralelo 24 como línea divisoria entre ambos países. El artículo 1º de dicho tratado decía así: “
La
línea de demarcación de los límites entre Chile y Bolivia en el
desierto de Atacama, será en adelante el paralelo 24º de latitud
meridional, desde el litoral del Pacífico hasta los límites orientales
de Chile, de suerte que Chile por el sur y Bolivia por el norte, tendrán
la posesión y dominio de los territorios que se extienden hasta el
mencionado paralelo 24º, pudiendo ejercer en ellos todos los actos de
jurisdicción y soberanía correspondientes al señor del suelo”. Pero a
su vez ese tratado estableció una absurda comunidad entre los dos
países, autorizando la partición por mitad de la explotación de los
depósitos de guano de
Mejillones
y de los existentes entre los grados 23º y 25º y sobre los derechos de
exportación de minerales extraídos en esa extensa zona. Así lo expresaba
el artículo 2º de dicho tratado, que tenía la siguiente redacción: “
No
obstante la división territorial estipulada en el artículo anterior, la
República de Bolivia y la República de Chile se partirán por mitad los
productos provenientes de la explotación de los depósitos de guano
descubiertos en Mejillones y de los demás depósitos del mismo abono que
se descubriesen en el territorio comprendido entre los grados 23º y 25º
de latitud meridional, como también los derechos de exportación que se
perciban sobre los minerales extraídos del mismo espacio de territorio
que acaba de designarse”. Y por el artículo 3º se obligaba a Bolivia
a establecer en el puerto de Mejillones una aduana, como única oficina
fiscal, para percibir los productos del guano, pudiendo Chile nombrar
interventores para inspeccionar las entradas de aduanas y recibir la
parte que conforme al tratado le correspondía.
A la caída del dictador boliviano
Melgarejo, en enero de 1871, el gobierno del general
Morales
que le sucedió anuló los actos de la administración depuesta y resolvió
modificar el tratado de límites de 1866 celebrado con Chile, que el
pueblo boliviano reprobaba, porque confería derecho a Chile para
intervenir en el territorio de Bolivia y explotar el guano y las
riquezas minerales existentes en el desierto de Atacama, zona
exclusivamente boliviana desde que se constituyó esa república.
A fin de resolver, mediante negociaciones diplomáticas, la tensa
situación creada entre ambos países, Bolivia designó como Ministro
Plenipotenciario y Enviado Extraordinario en Santiago a Rafael Bustillo,
quien conocía ampliamente el problema de límites con el vecino país.
Las gestiones de Bustillo ante el Presidente de Chile
Federico Errázuriz Zañartu,
en el sentido de confirmar el paralelo 24 como línea divisoria de ambos
territorios y anular el artículo 2º del tratado, dejando sin efecto la
comunidad de bienes entre los paralelos 23 y 25, fue materia de amplias
discusiones, propuestas y consultas sin que se llegara a arreglo alguno.
Al final Chile insinuó a Bustillo la compra del territorio comprendido
entre los paralelos 23 y 24, lo que fue rechazado de plano por el
representante boliviano. Chile, deseoso de llegar a un arreglo con
Bolivia que no alterase las bases sustanciales del tratado de 1866, y
viendo que esto no lo podría lograr con Bustillo en
Santiago, envió a
La Paz,
como su Ministro, a Santiago Lindsay, con las instrucciones de iniciar
en La Paz las conferencias que fueron suspendidas con Bustillo.
Cuando Bustillo estaba próximo a regresar a Bolivia, en julio de
1872, el general boliviano
Quintín Quevedo, adicto a Melgarejo, armó en Valparaíso una expedición y desembarcó en Antofagasta avanzando hasta
Tocopilla, donde las fuerzas bolivianas lo rechazaron. Quevedo y sus hombres se refugiaron en un buque de guerra de Chile, la corbeta
Esmeralda, anclada en el puerto.
Cuando ocurrían los acontecimientos descritos la escuadra chilena
surcaba las costas bolivianas, lo que hacía suponer que Chile protegía
las intentonas revolucionarias de Quevedo.
Desde Iquique, cumpliendo las órdenes recibidas, Grau escribe una
nota el 6 de septiembre de 1872 al Ministro de Guerra y Marina,
informándole del curso de los acontecimientos y dejando en ella
constancia que la mayoría de los expedicionarios que acompañaron a
Quevedo eran chilenos y que la Escuadra de Chile se encontraba en
Mejillones.
71
Dos semanas después, el 24 de septiembre, siempre en Iquique, Grau
informa que no tiene noticias de interés que comunicar y, el 30, al
arribar al Callao, de regreso de su viaje al sur, dirige una nota al
Ministro de Guerra y Marina expresando que, “
en respuesta a su oficio de 21 del presente, le es satisfactorio decir que no ha ocurrido novedad durante la navegación” y agrega que, en el vapor que arribó de Valparaíso el día de su salida de Iquique, “
llegó al puerto de Arica el señor Bustillo, representante de Bolivia en Chile”.
Fracasada la intentona de Quevedo y de regreso Bustillo a Bolivia,
prosperan en La Paz las gestiones del Ministro chileno Lindsay para
determinar nuevas bases de arreglo. Se llegó así a suscribir, el
5 de diciembre de 1872, el protocolo conocido con el nombre
Lindsay-Corral,
por el cual se confirma el paralelo 24 como límite de Chile y Bolivia.
Se estipuló asimismo que los límites orientales de Chile eran las más
altas cumbres de los
Andes; que la partición por mitad de los derechos de exportación se referían, aparte de a los metales, al
salitre,
bórax,
sulfatos y demás sustancias inorgánicas; que Chile cubriría a medias con Bolivia los gastos de la administración del departamento de
Cobija
y que ambos gobiernos se comprometían a seguir negociando, a fin de
revisar y abrogar el tratado de 1866, y sustituirlo por otro que
consultara mejor los intereses de las dos repúblicas. Pero este arreglo
en vez de mejorar la situación de Bolivia, la desmejoraba por los nuevos
derechos y beneficios que se conferían a Chile, con facultades para
intervenir mayormente en territorio boliviano y, como era natural, creó
más serias resistencias en el pueblo de esta república, provocando
reacciones que hicieron temer se afectara la tranquilidad en la costa
occidental de América.
Como era de esperar, la Asamblea de Bolivia rechazó prestar su
aprobación al citado Protocolo y ello trajo consigo que continuaran las
dificultades, reclamos y divergencias entre Bolivia y Chile. Lo cierto,
real y efectivo era que el desierto boliviano de Atacama había resultado
ser una zona muy rica en guano, salitre y metales de plata y cobre,
productos altamente cotizados en los mercados mundiales y que el país
del sur codiciaba.
Crucero por el litoral boliviano
La
suscripción del Protocolo Lindsay-Corral en vez de solucionar el
problema limítrofe entre Chile y Bolivia, lo agravó, al extremo de
temerse un conflicto armado; el gobierno ordenó al comandante del
Huáscar,
zarpar nuevamente al sur, con la finalidad de conocer el curso de los
acontecimientos y prevenir eventualidades. El 4 de marzo de 1873 el
monitor emprende el nuevo crucero, que lo alejará del Callao por cuatro
meses, rumbo a aguas bolivianas.
El 13 de marzo, estando en Iquique, Grau envía al Ministro de Guerra y
Marina una comunicación dando cuenta de que existe tranquilidad en el
litoral, sin que haya
“nada que pueda amenazar una perturbación en el orden político”.
Añade que, en cumplimiento de sus instrucciones ha tratado de
investigar cautelosamente los sucesos que se verifican en Chile para
darse cuenta
“de cualquier apresto que pudiera hacerse con algún carácter bélico”; y agrega:
“no descuidaré medida alguna conducente al mejor desempeño de mi comisión”.
Once días después, el 24 de marzo, el
Huáscar llega a
Cobija
y permanece en el puerto tres días. El 28, ya en Iquique, Grau escribe
al Ministro de Guerra y le informa de la cariñosa acogida de las
autoridades bolivianas de Cobija:
Conforme indiqué a V. S., en mi oficio del 24 del presente he
permanecido tres días en el puerto de Cobija, habiendo regresado a éste
en la tarde de ayer. Durante mi permanencia en esas aguas me ha sido muy
satisfactorio el recibimiento hecho por las autoridades bolivianas, las
que me han dispensado toda clase de atenciones, no omitiendo
circunstancia alguna para manifestar sus sentimientos de adhesión al
Gobierno y pueblo del Perú.
El 4 de abril, desde Iquique, Grau vuelve a informar al Ministro de Guerra
“que el sur continúa sin novedad”, además de comentar que desea que el
Huáscar sea una unidad de primer orden en batalla sometiendo para ello a su tripulación a
“faenas
doctrinales, haciendo diariamente ejercicios a fin de conseguir en la
marinería la disciplina y moralidad que son tan necesarias”.
Satisfecho el Gobierno peruano de la forma como Grau lleva adelante
su comisión, lo autoriza para que continúe los reconocimientos al sur
del litoral de la República en la oportunidad que lo juzgue conveniente.
Estando Grau en estas comisiones, el gobierno expide la resolución
legislativa del 23 de abril de 1873, por la que se le asciende a capitán
de navío efectivo.
El 27 de mayo el
Huáscar zarpa de Iquique rumbo nuevamente a
Cobija, donde fondea el 28. Al día siguiente vuelve a escribir al
Ministro, avisando su llegada a este puerto e informando que toda la
costa se encuentra en perfecto orden. El 2 de junio da cuenta de la
desfavorable acogida dispensada al protocolo Corral-Lindsay por parte
del pueblo boliviano; además, vuelve a informar de los buenos tratos con
que es recibido y que demuestran la sincera simpatía de ese pueblo por
el peruano:
"Por lo demás, la recepción hecha tanto por ese funcionario, como por
las autoridades de este puerto, y las diversas circunstancias que he
tenido la ocasión de hacerles atenciones cariñosas y agasajos, en cuanto
me ha sido posible, no han hecho más que estrechar los vínculos y
afecciones que dichas autoridades y pueblo boliviano manifiestan
sinceramente por el Gobierno y pueblo del Perú, no omitiendo la ocasión
de probarlo prácticamente, una vez que han tenido la oportunidad de
hacerlo".
Por el tenor de las cartas, es indudable que Grau no conocía en marzo de 1873, cuando zarpó del Callao para el sur, el
Tratado Secreto de Alianza Defensiva,
suscrito en Lima por representantes de Perú y Bolivia, el 6 de febrero
de ese año, por lo que tenía que llamarle la atención la cariñosa
acogida de que era objeto por las autoridades de Cobija, en los meses de
marzo y junio. Pero es justo reconocer, que las autoridades bolivianas
de Cobija tampoco conocían el pacto y que las recepciones y muestras de
cariño tributadas a Grau y al
Huáscar, comandante y buque de
guerra de un país aliado, obedecían en parte a instrucciones del
Gobierno de Bolivia impartidas con ese objeto.
De regreso en Iquique, Grau se dedica a otras tareas encomendadas
para mejorar el puerto de Iquique a fin de facilitar el desarrollo de
las actividades portuarias. En julio de 1873 termina el crucero a lo
largo del litoral boliviano, una vez desaparecidos los peligros de más
graves disputas en la zona salitrera y una vez aclarado el ambiente
internacional. Sin embargo la presencia del
Huáscar en el Callao es corta, ya que a fines del mes siguiente nuevamente el
Huáscar es comisionado al sur del litoral.
Jefe de la escuadra peruana
El
30 de abril de
1874
la Comandancia General de Marina acuerda que los buques de la escuadra
se encuentren listos para zarpar para las evoluciones que deben
practicar en táctica naval. El
10 de junio
la superioridad expide la esperada resolución ordenando que la escuadra
practique en el mar los movimientos consignados en la obra de Táctica,
que sirve de texto en la Escuela Naval. Integran esa escuadra los
siguientes buques de guerra
Huáscar,
Independencia,
Atahualpa,
Manco Cápac,
Unión y
Chalaco.
Se nombra Jefe de la Escuadra de Evoluciones al capitán de navío Miguel
Grau. Dos días después, el Comandante General de Marina, contralmirante
Diego de la Haza, se dirige al ministro de Guerra y Marina para
informarle de que el capitán de navío Miguel Grau, el día 10 de junio,
había cambiando su insignia en el monitor
Huáscar, asumiendo el mando de la escuadra.
En ejercicio del alto cargo de Jefe de la Escuadra de Evoluciones,
Grau recorre todo el litoral peruano, ordenando se ejecute a bordo de
los buques toda clase de maniobras para adiestrar a las tripulaciones en
conocimientos de táctica naval y manejo de la artillería. Como su
experiencia le hace intuir que Perú está próximo a perder su supremacía
en el mar y que acecha al Perú el gravísimo peligro de verse envuelta,
en cualquier momento, en un conflicto bélico con Chile, es que se
preocupa en adiestrar a las tripulaciones para el manejo hábil y preciso
de las unidades navales y su potencia de fuego. El alza del salitre de
Tarapacá,
en zona vecina a los territorios bolivianos del desierto de Atacama,
que explotan compañías chilenas, y la construcción de dos poderosos
blindados por Chile en el Reino Unido, uno el
Almirante Cochrane, ya lanzado al agua en enero de ese año, preparándose para salir al
Pacífico y el otro por terminarse, justifican sus temores.
De otro lado, las diferencias entre Bolivia y Chile aparentan estar
zanjadas en agosto de 1874, en que se firma el nuevo tratado de
fronteras entre los dos países, que fija siempre el paralelo 24, desde
el mar hasta la
Cordillera de los Andes, en el
divortium aquarum. El artículo 1º del tratado dice lo siguiente:
“El
paralelo del grado 24º, desde el mar hasta la cordillera de los Andes,
en el divortia aquarum, es el límite entre las Repúblicas de Chile y de
Bolivia”. Sin embargo, siempre se mantiene la comunidad de los dos
países para la explotación y partición por mitad del guano y minerales
existentes o que se descubran, entre los paralelos 23º y 25º. Se
conviene, también, que los derechos de exportación que se impongan sobre
los minerales que se exploten no excederían de los que estuvieren
vigentes; y que durante 25 años las personas, industriales y capitales
chilenos no quedaban sujetos a más contribuciones, de cualquier clase
que fueran, que las que entonces existían. El incumplimiento por parte
de Bolivia al tratado al aumentar las contribuciones a las salitreras
chilenas hasta el paralelo 23 sería el detonante de la posterior
Guerra del Pacífico.
Ese mismo año, en octubre, ya disipados momentáneamente los peligros
de guerra entre Bolivia y Chile, el gobierno peruano descubre que navega
en sus aguas peruanas
Talismán, fletado en el Reino Unido, de 140 t y en el cual, según se afirma, viaja Nicolás Fernández Villena (
Nicolás de Piérola),
ex Ministro de Hacienda del Presidente José Balta, con armamento y
alzados, que persigue derrocar al régimen mediante un golpe
revolucionario.
En cumplimiento de las órdenes recibidas, la Escuadra de Evoluciones sale en persecución del
Talismán, que de acuerdo con las informaciones del gobierno, tocó en
Pacasmayo, en donde intentó un desembarco. Luego de activa búsqueda, el
Talismán es apresado por el
Huáscar en la bahía de
Pacocha, cerca de
Ilo, la mañana del
2 de noviembre de 1874. Buena parte del cargamento es capturado, así como la tripulación. Nicolás Fernández Villena escapa internándose hacia
Moquegua.
Luego de capturar al
Talismán, Grau lo envía a
Mollendo,
a cargo del capitán de corbeta Leopoldo Sánchez y eleva un parte al
Ministro de Guerra y Marina, fechado en Pacocha, dando cuenta de los
sucesos. Hecho, el
Huáscar parte al sur para resguardar el orden.
72 El capitán del puerto de Ilo, Germán Paz, avisa también el mismo día 2, a la Comandancia General de Marina, que esa mañana el
Huáscar apresó al
Talismán, con su tripulación y parte de su carga.
Esta acción del
Huáscar en Pacocha fue determinante para el
triunfo de las fuerzas del gobierno en la acción del 6 de diciembre de
1874, en Los Ángeles, lugar cercano a Moquegua, lo que devolvió la calma
al país. En el mismo mes de diciembre, la Escuadra de Evoluciones se
encuentra en Iquique y regresa al Callao dando término a su
entrenamiento. El 20 de enero de 1875 Grau cesa en el mando de la
escuadra continuando como comandante del
Huáscar. El crucero ha durado siete meses.
Diputado por Paita
En
1875
Miguel Grau es requerido por el pueblo de Paita, donde él nació y
residiera los años de su niñez, para representar a la provincia en el
Parlamento Nacional. El marino acepta esta distinción confiando en que
podrá servir igualmente a su patria en el recinto de las leyes como lo
ha hecho en la cubierta de los buques.
El
5 de julio de
1876 Grau deja el comando del
Huáscar,
que ha tenido durante más de 8 años y se apresta a ir al Parlamento.
Pero la separación no será larga; a los tres años Grau volverá a la
Armada Peruana, al mando del
Huáscar.
El 2 de agosto de 1876 inicia su gobierno constitucional el general
Mariano Ignacio Prado, que ha sucedido a
Manuel Pardo.
El día 4 se reconocen y califican las credenciales de Grau como
diputado por Paita. Al día siguiente, Grau se dirige por oficio al Mayor
de Órdenes del Departamento, informando de que va a ocupar su curul en
la Cámara de Diputados y pide se le otorgue la consiguiente licencia. El
mismo día
5 de agosto,
Grau presta juramento de ley en la Cámara de Diputados y pasa a formar
parte de la Comisión de Marina. Su actividad como diputado es grande y
eficaz, análoga a la que ha desplegado en la escuadra. Presenta
interesantes proyectos que cuentan con la aprobación de su Cámara.
Luchó contra las intenciones piuranas de convertir a Paita en el distrito de Piura esbozando su frase:
"No solo como representante de Paita, sino como hijo de ella, lucharé por la permanencia de Paita como provincia",
quedando así como el más férreo opositor de las intenciones piuranas e
incluso ganándose enemigos políticos piuranos, pero ganando a cambio el
corazón de todo Paita.
Concluida la legislatura Grau se desempeña por pocos días como agregado al Departamento de Marina y, en enero de
1877,
pide licencia por dos meses a su Superioridad para dirigirse a
Valparaíso: va a traer los restos de su padre, el teniente coronel Juan
Manuel Grau y Berrío, fallecido en ese puerto el 30 de noviembre de
1865. Para cumplir esta misión, se embarca en el vapor británico
Eten, llevando consigo a su primogénito.
Cumplida su misión, Grau, al retornar al país, cumple con informar al
Gobierno su honda preocupación ante el poderío naval de Chile, que ha
podido comprobar
in situ en las aguas de Valparaíso, donde se encuentran fondeados los dos blindados
Almirante Blanco Encalada y
Almirante Cochrane,
buques de guerra chilenos, inmensamente superiores a los peruanos. Ha
apreciado, igualmente, los aprestos bélicos de las fuerzas militares de
ese país.
Apenas regresa Grau de Chile, se le designa el 7 de marzo vocal de la
Junta Revisora de las Ordenanzas Navales, cargo que ejerce en el curso
de ese mes y los de abril y mayo, hasta el 30, en que es nombrado
comandante general de Marina.
Comandante general de la Marina de Guerra del Perú
El
1 de junio de
1877,
Miguel Grau se hace cargo de la Comandancia General de Marina. Grau
cumplió lo más satisfactoriamente y dentro de las posibilidades
presupuestales de que dispuso, el muy importante cargo confiado a su
capacidad y competencia. Desde un principio se preocupa porque los
buques de la Armada se encuentren en las mejores condiciones. Ordena se
reparen en la factoría del puerto todas las deficiencias de las naves de
guerra y que se limpien sus fondos. Asimismo, trata de proveerlas de
pertrechos y de los elementos necesarios para su adecuado armamento y
poderío; pero no pudo conseguir lo que con tanta vehemencia anhelaba,
que se adquieran acorazados, para equiparar el poderío naval peruano con
el chileno.
Además de la preocupación de mantener siempre con todo su poderío a
la Escuadra, Grau cumple las funciones administrativas del cargo con
eficiencia. En uno de sus oficios al Ministerio de Guerra y Marina,
resalta la alta preparación de alumnos y profesores de la Escuela Naval,
cosa que contrasta con la falta de modernas y potentes unidades que
garantizaran la integridad del territorio peruano ante la eventualidad
de un conflicto armado, cosa que Grau vislumbraba cada día como más
cercano.
Debiendo Grau incorporarse nuevamente el Parlamento, el 28 de julio
de 1878, pone su cargo a disposición del Gobierno, con oficio del 10 de
ese mes, nombrándose en su reemplazo al contralmirante Antonio A. de la
Haza, al que entrega la Comandancia el 13 de julio. Nuevamente en la
Cámara de Diputados, en julio de 1878, Grau formula otras importantes
proposiciones en la Comisión de Marina, de la que sigue formando parte.
En febrero de 1879, concluida la legislatura, Grau pasa nuevamente a
servir en el Ministerio de Guerra y Marina en condición de agregado,
pero el cargo lo desempeña 50 días, pues corren vientos de guerra en el
sur. El 28 de marzo y en cumplimiento de una resolución del día
24 de ese mes, Grau se hace cargo nuevamente del
Huáscar, en reemplazo de su anterior comandante, el capitán de fragata Gregorio Pérez.
Al mes siguiente, la Cámara de Diputados, en sesión del 28 de abril,
presidida por Ricardo W. Espinosa, después de leerse y aprobarse el acta
de la sesión anterior, toma nota de un oficio de Grau en donde expresa
que no puede concurrir a la Cámara por haberse hecho cargo del comando
del
Huáscar. El
5 de abril de
1879, Chile había declarado la guerra al Perú.
Guerra del Pacífico
La
Guerra del Pacífico
(1879-1884) fue un conflicto armado que enfrentó a la República de
Chile contra la República Peruana y la República de Bolivia. También se
le ha denominado Guerra del Salitre.
Combate de Angamos, óleo de Teófilo Castillo. Representa el
enfrentamiento entre el monitor Huáscar y los blindados Cochrane y
Blanco Encalada.
La escuadra peruana y la chilena
Debido a las características del litoral boliviano y del extremo sur peruano, en el que se extiende el
desierto de Atacama,
y teniendo en cuenta las experiencias de la Guerra de la Independencia y
contra la Confederación, Chile conocía que era necesario sortear por
mar este territorio para poder trasladar a sus tropas e invadir el
territorio peruano. Para ello tendría que lograr el dominio del mar. El
Perú, por su parte, también comprendió que esta era la maniobra lógica
que adoptaría Chile. De ese modo, ambas naciones dieron inicio a la
campaña naval como la primera parte de la guerra.
La escuadra peruana, al mando del capitán de navío Miguel Grau, estaba conformada por el blindado tipo monitor
Huáscar, la fragata
Independencia, la corbeta
Unión, la cañonera
Pilcomayo y los transportes
Chalaco,
Oroya,
Limeña y
Talismán.
Estos últimos habrían de cumplir una función muy importante durante el
conflicto, manteniendo abierta la ruta de abastecimiento peruana con
continuos viajes entre el Callao y Panamá, así como a otros puntos del
litoral, transportando tropas, pertrechos y municiones, burlando a la
poderosa escuadra enemiga. A ellos se sumaban los monitores
Manco Cápac y
Atahualpa de casi nulo desplazamiento, lo que los convertía en baterías flotantes.
La escuadra chilena, al mando del contralmirante
Juan Williams Rebolledo, estaba compuesta por los blindados
Almirante Blanco Encalada y
Almirante Cochrane, las corbetas
Chacabuco,
O'Higgins,
Abtao y
Esmeralda y las cañoneras
Magallanes y
Covadonga, además de varios transportes armados como el
Loa y
Amazonas.
Completaban su flota veloces transportes que aseguraban la logística de
sus tropas acantonadas en Antofagasta y de su escuadra, como el
Itata, Lamar, Rímac, Copiapó y el carbonero
Matias Cousiño. El
equilibrio de poder
era favorable a la marina chilena, dado que sus naves, sobre todo los
dos blindados, tenían mejor artillería, mayor velocidad y coraza, en
comparación a las naves peruanas.
El planteamiento fue muy claro en ambos lados. La escuadra chilena
era superior materialmente a la peruana, no sólo en número sino también
en la calidad de sus buques. Debía entonces buscarla y destruirla lo más
pronto posible. La escuadra peruana, por su parte, dada su inferioridad
en medios, debía prolongar lo más posible su presencia como una amenaza
efectiva en el mar, no tanto para la escuadra chilena sino para el
tráfico marítimo de ese país, entablando combate únicamente cuando
estuviera en superioridad de condiciones o cuando éste fuese inevitable.
El tiempo que se ganara en ello sería en provecho de la preparación de
las defensas en el sur peruano y la adquisición de nuevas naves y
armamento.
La campaña naval y el monitor Huáscar
La primera acción tuvo lugar apenas siete días después de declarada la guerra, el
12 de abril de
1879, cuando la corbeta
Unión y la cañonera
Pilcomayo atacaron y persiguieron a la corbeta chilena
Magallanes frente a
Punta Chipana. Por su parte, la escuadra chilena en el Perú bombardeó
Mollendo,
Pisagua, Mejillones e
Iquique, antes de dirigirse hacia el
Callao con el propósito de destruir la escuadra peruana.
Sin embargo, fracasó en este intento debido a que los buques peruanos
habían zarpado días antes de su arribo, dirigiéndose a la ciudad
peruana de
Arica con el director supremo de la guerra, el general
Mariano Ignacio Prado.
Combate naval de Iquique
Combate Naval de Iquique, de Thomas Somerscales (1842-1927).
Representación del enfrentamiento entre el monitor peruano
Huáscar, al mando del capitán de navío Miguel Grau, y la corbeta chilena
Esmeralda, al mando del capitán de fragata
Arturo Prat.
El
17 de mayo la flota peruana puso rumbo a
Arica, donde desembarcó el Presidente
Prado para dirigir la guerra desde ese puerto peruano. Casi de inmediato fueron despachados a
Iquique el monitor
Huáscar y la fragata
Independencia, con instrucciones de levantar el
bloqueo de ese puerto, sostenido en ese momento por la corbeta chilena
Esmeralda, la cañonera
Covadonga y el transporte
Lamar.
El
21 de mayo de
1879 el monitor
Huáscar al mando del capitán de navío Miguel Grau , y la
Independencia al mando del capitán de navío
Juan Guillermo More Ruiz,
ingresaron a la bahía de Iquique y se enfrentaron a los ya mencionados
buques de madera chilenos comandados, respectivamente, por
Arturo Prat Chacón (
Esmeralda) y por
Carlos Condell de la Haza (
Covadonga). El transporte
Lamar izó bandera estadounidense y puso rumbo al sur, siendo seguido por la cañonera
Covadonga que fue perseguida por la
Independencia. Mientras tanto, el
Huáscar en Iquique cañoneaba a la
Esmeralda,
buque que maniobró para colocarse delante de la población, ante la
imposibilidad de doblegar al enemigo, y ya que el combate se extendía
con gran número de bajas chilenas, el comandante Grau decidió utilizar
el espolón 3 veces. En el segundo ataque al espolón, el comandante
chileno Arturo Prat realiza un abordaje frustrado, principalmente, por
la confusión reinante que dificultó que su orden fuese escuchada y por
las importantes bajas en su tripulación, la
Esmeralda tenía varios daños antes del combate. Prat murió en el intento, pues jamás llegó a ver a Grau.
Finalmente logra Grau hundir a la nave chilena, cuyos sobrevivientes,
fueron rescatados por los marinos peruanos. En este combate murió el
teniente primero
Jorge Velarde, primer héroe naval peruano de la contienda.
Mientras tanto, la
Independencia, conducida por Moore, había encallado en
Punta Gruesa, al sur de Iquique en el afán de espolonear al buque chileno y tan pronto se percató de esto, el comandante
Condell de la
Covadonga,
volvió sobre sus aguas y ordenó disparar sobre la fragata varada dado
que aún mantenía su bandera al tope, indicación que seguía en combate,
Condell le disparó seis tiros contra la cubierta poniendo su nave en el
ángulo muerto de los cañones peruanos al escorarse la "Independencia".
Cuando la
Covadonga vio acercarse al
Huáscar y huyó del lugar, mientras el
Huáscar procedía a recoger a los sobrevivientes e incendiar los restos.
Posteriormente Grau, en un gesto de caballerosidad, escribió a
Carmela Carvajal, viuda del héroe naval chileno
Arturo Prat Chacón, comandante de la
Esmeralda, muerto en la cubierta del
Huáscar,
una carta en la que elogiaba la actuación de su esposo y le enviaba
algunas de sus prendas personales, entre ellas su espada. A su vez, en
la respuesta a esta carta, la viuda de Prat agradece tal gesto,
asegurando que dada la hidalguía mostrada por Grau al asociarse a su
dolor, ella comprende que la muerte de su esposo fue consecuencia de la
guerra y que de haber estado en manos del capitán del
Huáscar, jamás habría tenido lugar.
Combate naval de Angamos
La incapacidad de los mandos navales chilenos frente a las continuas incursiones del
Huáscar
fueron motivo de protestas populares, interpelaciones en el congreso y
la censura del gabinete ministerial. Todo ello se agudizó con la
captura del transporte Rímac,
luego de lo cual se produjeron renuncias de ministros y se efectuaron
inevitables cambios en las jefaturas del ejército y la escuadra. Los
conductores de la guerra, ante la imposibilidad de iniciar la campaña
terrestre para invadir el sur peruano, determinaron que el hundimiento
del
Huáscar era prioritario e indispensable para llevar a cabo sus planes.
Una de las primeras medidas fue el relevo del contralmirante Juan
Williams Rebolledo en el mando de la Escuadra chilena por el capitán de
navío
Galvarino Riveros,
quien dispuso que sus buques fueran sometidos a reparaciones de
calderas y carena para limpiar sus fondos y prepararse a dar caza al
Huáscar.
Para dicho propósito, elaboraron un plan para capturarlo, organizando a
su escuadra en dos divisiones, la primera, integrada por el
Almirante Blanco Encalada, la
Covadonga y el
Matías Cousiño, y la segunda, compuesta por el
Almirante Cochrane, el
Loa y la
O'Higgins. La idea era tenderle un cerco al
Huáscar, en el área comprendida entre Arica y Antofagasta.
Continuando los acontecimientos, Grau recibió órdenes de zarpar con la
Unión y el
Rímac
rumbo al sur, con la finalidad de hostigar los puertos chilenos entre
Tocopilla y Coquimbo, en tanto que las dos divisiones chilenas habían
partido hacia el norte en búsqueda del
Huáscar llegando a Arica en la mañana del
5 de octubre, no hallando allí a su objetivo.
El
Huáscar, mientras tanto, luego de dejar al
Rímac en Iquique, arribó en compañía de la
Unión a la caleta de
Sarco. Ahí capturaron a la goleta
Coquimbo, para posteriormente llegar al puerto del mismo nombre y proseguir hacia el sur, hasta la
caleta de Tongoy,
localidad cercana al importante puerto de Valparaíso. Cumplido el
objetivo de esta expedición, Grau y sus naves iniciaron su retorno a
aguas peruanas.
Mientras los barcos peruanos navegaban hacia el norte de regreso,
ignoraban los movimientos de los buques chilenos. Las dos divisiones
enemigas avanzaban desde diferentes direcciones, en posición abierta,
dispuestas a cercar a su objetivo.
Al amanecer del
8 de octubre de
1879, el
Huáscar
fue avistado por la primera división chilena, lo que obligó a Grau a
virar hacia el suroeste para luego volver al norte, a la máxima
velocidad posible tratando de dejar atrás a sus enemigos. Poco después,
el
Huáscar y la
Unión se encontraron con la segunda división chilena frente a
Punta Angamos. Al percatarse de que el
Huáscar no podría evadir el combate por su escaso andar, la
Unión, de mayor andar, a expresa orden del almirante, se abrió paso hacia el norte.
Luego, a las 9:40 horas, siendo inevitable el encuentro, el monitor
peruano afianzó su pabellón de combate disparando los cañones de la
torre sobre el
Almirante Cochrane a mil metros de distancia. Los artilleros del monitor eran británicos, y su puntería no era del todo efectiva. La
Covadonga y el
Almirante Blanco Encalada en esos momentos se hallaban a una distancia de seis millas con dirección al
Huáscar, mientras que la
O'Higgins y el
Loa se dirigían a cortar el paso a la
Unión. El
Almirante Cochrane
no contestó inicialmente los disparos, sino que acortó distancias
gracias a su mayor velocidad, estando a 500 metros, una andanada del
Monitor golpeó la banda del acorazado chileno haciéndolo bandearse por
unos instantes, pero sin mayor daño y cuando estuvo a 200 m por babor
del
Huáscar, hizo sus primeros disparos, perforando el blindaje del casco y dañando el sistema de gobierno.
Grau en su torre, presintiendo lo inevitable y agachándose hacia la
rejilla del piso, se despidió de Diego Ferré en un fraternal saludo de
manos. Mientras tanto, las alzas de los cañones chilenos apuntaban hacia
las partes vitales del monitor. Diez minutos después un proyectil
proveniente también del
Almirante Cochrane impactó en la torre de
mando y al estallar hizo volar al contralmirante Miguel Grau y dejó
moribundo a su acompañante teniente primero
Diego Ferré. Entonces tomó el mando del buque el capitán de corbeta
Elías Aguirre,
quien continuó el combate con las naves chilenas, hasta que también
cayó muerto por un disparo del contendor. Uno tras otro, los oficiales
peruanos se fueron sucediendo a cargo de la nave, que recibía una y otra
vez los impactos de la artillería chilena, hasta que habiendo recaído
el mando en el teniente primero
Pedro Gárezon Thomas
de solo 28 años de edad, este oficial, viendo que ya no era posible
continuar la lucha por las condiciones en las que se hallaba el buque,
con sus cañones inutilizados, roto su timón, y con parte de su
tripulación muerta o herida, dio la orden de abrir las válvulas de fondo
para inundar al monitor antes de entregarla rendida, orden que fue
cumplida por el alférez de fragata
Ricardo Herrera de la Lama y de esta forma impedir la captura de la nave peruana.
A las 10:55 el
Almirante Cochrane y el
Almirante Blanco Encalada suspendieron el cañoneo y al ver que el
Huáscar
pronto se iría a pique, enviaron una dotación armada en lanchas para
tomarlo. Cuando los marinos chilenos ingresaron a bordo, el
Huáscar
ya tenía 1,20 m de agua y estaba a punto de hundirse por la popa.
Revólver en mano, los oficiales chilenos ordenaron a los maquinistas
cerrar las válvulas y posteriormente obligaron a los prisioneros a
apagar los fuegos que consumían diversos sectores de la nave. La nave,
ya incapacitada para la defensa, había sufrido el abordaje del enemigo.
La lucha había concluido y el
Huáscar capturado.
Los restos de Grau
Después del combate de Angamos, el teniente primero
Pedro Gárezon Thomas,
último comandante del "Huáscar", no quiso abandonar el monitor hasta no
haber agotado la búsqueda de los restos del almirante Grau. Al ver su
insistencia, el teniente chileno Goñi le permitió hacer dicha búsqueda
en la torre de mando, que se hallaba destrozada. Garezón entró por un
gran boquete abierto por las bombas y tras una búsqueda exhaustiva,
halló finalmente entre los escombros el único resto de Grau:
«un trozo de pierna blanca y velluda, solo desde la mitad de la pantorrilla al pie, que estaba calzada con un botín de cuero.»
Gárezon certificó que se trataba de un auténtico resto del almirante.
Colocado en una caja, fue conducido a Mejillones, donde se le honró con
una misa oficiada por monseñor Fontecilla. Luego, el 14 de octubre, por
orden expresa del gobierno chileno, fue trasladado a Valparaíso, a bordo
del
Blanco Encalada. El capitán de fragata
Óscar Viel,
que era concuñado y compadre de Grau, obtuvo de su gobierno el permiso
para sepultar los restos de Grau en el mausoleo de su familia en
Santiago, donde permaneció por algunos años.
73
Los restos de Grau, junto con los pertenecientes a otros combatientes
peruanos caídos en la guerra, retornaron al Perú durante el primer
gobierno de
Andrés A. Cáceres. Llegaron al Callao a bordo del crucero
Lima, el día 13 de julio de 1890, siendo sepultados en una tumba provisional en el
Cementerio Presbítero Maestro de Lima. En 1908 fueron trasladados a la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico, inaugurada por el presidente
José Pardo y Barreda en dicho cementerio.
En Chile permaneció un fragmento de la
tibia
de Grau que era exhibido en un Museo de Santiago, junto con una gorra y
otros enseres personales del héroe. Este resto fue devuelto al Perú el
20 de marzo de 1958, en solemne ceremonia realizada en Santiago con la
presencia del presidente de Chile,
Carlos Ibáñez del Campo. Al día siguiente, llegaron vía aérea a Lima, donde fueron recibidos por el presidente
Manuel Prado Ugarteche, quien, en parte de su discurso ceremonial expresó lo siguiente:
“La figura de nuestro ínclito Almirante, personifica una de las
glorias legítimas que enaltecen no solo nuestros anales y los de
América, sino del mundo entero. Su vida y sacrificio son paradigmas de
caballerosidad y abnegación”.
Luego, los restos fueron conducidos al edificio de la antigua Escuela Naval en
La Punta, donde fueron depositados en un salón.
Finalmente, el 7 de octubre de 1976, los restos óseos de Grau fueron
trasladados en solemne ceremonia al Cenotafio construido en la Cripta de
la Escuela Naval, donde permanecen con guardia de honor permanente. El
25 de julio del 2003 fueron depositadas allí la espada y las
condecoraciones del héroe.
74
Familia
Ancestros
Matrimonio y descendencia
Miguel Grau se caso con Dolores Cabero y Nuñez, el 12 de abril de 1867 en la
catedral de Lima. El matrimonio tuvo diez hijos:
- Miguel Gregorio (Lima, 9 de marzo de 1869 - Valparaíso, 15 de julio de 1877), fallecido en un accidente en Chile mientras su padre repatriaba los restos de Juan Manuel Grau.
- Oscar (Lima, 3 de febrero de 1871 - Ib., 31 de julio de 1929), fue prefecto por Piura, cargo al que renunció como protesta tras el asesinato de su hermano Rafael.
- Ricardo Florencio (Lima, 12 de febrero de 1872 - Chanchamayo,
7 de marzo de 1899), ingeniero de profesión, falleció en un accidente
mientras construía un puente y su cuerpo fue arrastrado por el río.
Nunca fue encontrado.
- María Luisa (Lima, 5 de marzo de 1873 - Ib., 8 de
diciembre de 1973), permaneció soltera. Heredó la espada obsequiada a su
madre por las damas peruanas radicadas en Europa. Posteriormente la
donó al gobierno peruano.
- Carlos Pedro (Lima, 30 de abril de 1874 - París, 1940).
- Rafael
(Lima, 20 de enero de 1876 - Cotabambas, 4 de marzo de 1917), político
peruano y uno de los fundadores del partido Unión Cívica, fue
vicepresidente de la Cámara de diputados y posteriormente Ministro de
instrucción, justicia y culto. Además fue varias veces alcalde de El Callao. Siendo diputado por Cotabambas, Apurímac, y en medio de su campaña reeleccionista fue asesinado por Santiago Montesinos, su contendiente electoral. La provincia de Grau, en Apurímac, recibió este nombre en su honor por pedido de su hermano Miguel.
- Victoria (Lima, 21 de enero de 1877 - París, 19 de mayo de 1914), murió soltera.
- Elena (Lima, 21 de enero de 1877 - Ib., 24 de diciembre de 1877), melliza de Victoria, murió a los 11 meses de edad.
- Miguel (Lima, 23 de enero de 1879 - Ib., 31 de octubre de 1976), fue senador por Amazonas en 1917 y por Callao en 1919 y posteriormente cónsul del Perú en Bruselas. Además acuso al presidente José Pardo y Barreda
como el causante indirecto de la muerte de su hermano al no haberle
brindado garantías para su vida a pesar de haberlas pedido. Propuso
además que se llame Grau a la provincia de Cotabambas en honor a su
hermano. Reconciliado con Pardo, postuló como su segundo vicepresidente
en los comicios de 1936, sin embargo las elecciones fueron anuladas y el
presidente Óscar R. Benavides extendió su mandato por otros tres años.
Homenajes
La carta que Grau, caballerosamente, envió a la viuda del capitán
Prat, fue tallada en un monumento en un parque del centro de
Santiago de Chile.
Autores peruanos, de las más variadas ideologías y condiciones
sociales, han recitado el elogio sobrecogido del héroe de Angamos,
considerado como el primer héroe nacional del Perú.
“Épocas hay en que todo un pueblo se personifica en un solo
individuo: Grecia en Alejandro, Roma en César, España en Carlos V,
Inglaterra en Cromwell, Francia en Napoleón, América en Bolívar. El Perú
de 1879 no era Prado, La Puerta o Piérola: era Grau…
Humano hasta el exceso, practicaba generosidades que en el fragor de
la guerra concluían por sublevar nuestra cólera. Hoy mismo, al recordar
la saña implacable del chileno vencedor, deploramos la exagerada
clemencia de Grau en la noche de Iquique. Para comprenderle y
disculparle, se necesita realizar un esfuerzo, acallar las punzadas de
la herida entreabierta, ver los acontecimientos desde mayor altura.
Entonces se reconoce que no merecen llamarse grandes los tigres que
matan por matar o hieren por herir, sino los hombres que hasta en el
vértigo de la lucha saben economizar vidas y ahorrar dolores.”
"Miguel Grau Seminario fue un hombre comprometido con su tiempo, con
su país y sus valores. Fue honesto y leal con sus principios, defendió
el orden constitucional y fue enemigo de las dictaduras. El héroe de
Angamos siempre estuvo en la línea de afirmación de las normas morales y
las tradiciones de la república. Honrado en el camarote y en la torre
de mando, lo es también en el salón y en el hogar."
"Como del carbón sale el diamante, así de la negrura de esta guerra
sale Grau. La posteridad ha indultado a su generación infausta porque a
ella perteneció el comandante del Huáscar (...) Al estudiar lo
que hizo, preciso es recordar con qué elementos trabajó y cabe preguntar
qué hubiera sido del Perú con Grau en un barco como el Cochrane o el
Blanco Encalada..."
“Grau fue y será, por ello, el símbolo del Perú, el héroe peruano por
excelencia, porque tuvo, entre sus virtudes cardinales algunas que eran
suyas, como brote milagroso del genio heroico –salud, fortaleza,
tenacidad, prudencia, robustez del cuerpo y del alma–, y otras que eran
la impronta de nuestro espíritu y nuestro sino y cristalizaron en su
mezcla de bravura y nobleza, en su humildad y ternura para el niño o
para el enemigo, en su incapacidad para la violencia destructora y la
saña vandálica, y, sobre todo, en su peruanísima lección de vencer sin
odio y perder con honra.”.
- Tú eras la patria sobre el mar,
- bajo el cielo
- y más allá del horizonte,
- y unías la leyenda y el cantar
- al ejemplo
- como un nuevo Quijote.
- Reflejo azul de la bondad divina,
- por ti, la roja guerra tuvo;
- hundías barcos y salvabas vidas;
- aún al enemigo distes amor,
- y entre la sangre y la metralla
- puro pasaste, el alma erguida
- por la mano de Dios.
- …
- ¡Tenías que caer!
- Como en un mito griego,
- se hizo de sangre todo el horizonte,
- y se alzaron como unos semidioses
- los que contigo al holocausto fueron.
- ¡Tenías que caer!
- ¡Se hizo de sangre todo el horizonte,
- pero el mar, como nunca, fue el color de laurel!.
Imagen de Grau en su camarote personal, en el museo
Monitor Huáscar, Talcahuano, Chile.
“Hay una tumba sin cruces en Punta de Angamos. Un recuerdo de luz que
un puñado de marinos erigió por siempre para gloria de su patria. Más
allá del valor y de límites tangibles escribistes Almirante, una oda de
nobleza que hace honor a la guerra y sombra a sus trofeos. Tu pueblo,
agradecido pronuncia con respeto el nombre de aquel buque de inmenso
memorar: “Huáscar”.
Contralmirante Fernando Casaretto Alvarado, Los peruanos de Angamos (Obra teatral, 1976).
Miguel Grau es recordado no solo en el Perú, sino también en Chile y en Bolivia. Su nombre está presente en calles de
Santiago de Chile como reconocimiento a su hidalguía. Por esta razón, se le conoce como
El caballero de los mares,
título acuñado por todos los implicados, por sus alturados valores, su
coraje y pese a la guerra, la humanidad, temple y gallardía que mostraba
ante sus enemigos en alta mar.
En
Talcahuano,
Chile, se conserva el
Monitor Huáscar y en el, la figura de Grau está presente en un sitial de honor en su camarote y sala de oficiales.
En el piso bajo del hemiciclo del
Congreso del Perú,
ubicado en la parte central de la mesa directiva y frente a todo el
hemiciclo se encuentra una réplica del escaño que ocupara en el
siglo XIX
Miguel Grau en su calidad de diputado nacional. Grau, siendo
parlamentario, solicitó licencia para servir al Perú en la Guerra con
Chile y como falleció en esta durante el
Combate de Angamos,
jamás se reintegró al parlamento. Como una señal de respeto y un
homenaje, el nombre de Miguel Grau es el primero que se llama al momento
de pasar lista a los congresistas.
Ascenso a la alta clase de Almirante
Al
momento de estallar la guerra con Chile, Grau ostentaba la clase de
capitán de navío. Por su destacado accionar en la campaña marítima fue
ascendido a
contralmirante,
por ley del Congreso de la República del 26 de agosto de 1879, pero él
nunca quiso hacer uso de la insignia de dicho grado, pues deseaba
permanecer como comandante del
Huáscar. Así se mantuvo hasta su gloriosa muerte en el combate de Angamos.
De manera póstuma, el Congreso de la República del Perú expidió la
Ley N.º 10869, que fue promulgada el 26 de octubre de 1946 por el
Presidente Constitucional de la República
José Luis Bustamante y Rivero, por la cual, por voluntad nacional, se ascendió al contralmirante Grau a la alta clase de Almirante.
Monumentos a la gloria del Almirante Grau
Estatua de bronce en el
Callao en homenaje al
Caballero de los Mares.
El 21 de noviembre de 1897, el presidente
Nicolás de Piérola inauguró en el
Callao la hermosa columna que el escultor italiano Fabio Lanzarini modeló en
Génova.
La base y el capitel son de mármol y el conjunto es coronado por la
estatua de Grau, de pie y con el brazo extendido señalando hacia el sur.
86 En su discurso, Piérola expresó lo siguiente:
“El trozo de granito y bronce que circundamos en este instante y que
el benemérito pueblo chalaco ha levantado en este pórtico del hogar
nacional, conmemora una gloria verdaderamente peruana; pero como en las
grandes cosas, brillante y amplia, vivificadora y fecunda, duradera, con
la duración sin medida de los tiempos.”
Nicolás de Piérola, 1897.
En enero de 1940, el presidente
Manuel Prado Ugarteche
encargó al escultor peruano Luis F. Agurto, la ejecución de un
monumento en honor a Grau, destinado a elevarse en la plaza principal de
Piura. Dicho monumento se inauguró el 8 de octubre de 1943.
Prado también encargó otra obra escultórica del héroe al artista catalán
Victorio Macho, para ser elevada en el centro de Lima. Dicho monumento lo inauguró el presidente
José Luis Bustamante y Rivero, el día 28 de octubre de 1946, en la
plaza
que desde entonces lleva su nombre, ubicado entre el Paseo de la
República, la Avenida Grau y el Paseo Colón. Es un bello conjunto de
granito y bronce, en cuyo frontis se puede leer la leyenda:
“A la gloria del Almirante del Perú Miguel Grau”. El presidente Bustamante leyó en tal ocasión un discurso bellísimo y lleno de profundidad, que culminaba así:
“Almirante:
La dimensión de vuestra hazaña se ha agrandado con el tiempo. En la
lejana perspectiva es Angamos un símbolo de gigantes contornos y de
presentes enseñanzas. Disponíais de medios limitados y frágiles; mas
vuestro aliento supo darles eficacia y grandeza. Vuestra nave minúscula
ha crecido, Almirante; y hay un sutil poder de fuego que envidian los
cañones en el silencio austero de las cubiertas desmanteladas. No fue
infructuoso vuestro sacrificio ni un vano gesto de inmolación de quienes
con vos cayeron en la brega. Vuestra sombra augusta preside nuestros
mares; y hay un altar para vuestro busto en cada nave de nuestra flota; y
un rincón de emoción en cada pecho de nuestros marinos. La Armada del
Perú cifra su orgullo en vuestra memoria y la Nación, espiritualmente
congregado al pie de este monumento, os dice con acento de estremecida
gratitud:
¡Gloria a vos, Almirante!.”
José Luis Bustamante y Rivero, 1946.
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Estatua de Miguel Grau en
Pucallpa, Ucayali.
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Monumento a Miguel Grau en Miraflores,
Lima.
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Busto de Miguel Grau en la Alameda de la ciudad de Cádiz (Andalucia, España).
Orden Gran Almirante Grau
La Orden Gran Almirante Grau, fue creada el
13 de agosto de 1969 por
Decreto Supremo, durante el gobierno del general
Juan Velasco Alvarado, como condecoración de la
Marina de Guerra del Perú. La orden es concedida mediante Resolución Suprema por el
Presidente de la República en los grados de "Gran Cruz Especial" y "Gran Cruz" y por el
Ministerio de Defensa,
como Canciller de la Orden, en los demás grados. El 29 de marzo del
2010, la Casa de Gobierno emitió un comunicado por el que se modificaba
la concesión de los grados de la orden.